Los falsos compromisos

05.09.2016 | 00:22
Los falsos compromisos

María Damanaki, la que fue comisaria europea de Pesca, ha puesto en evidencia hasta dónde llegaba su compromiso real con la pesca y la economía pesquera de un país de países llamado Unión Europea.

Ella, griega de nacimiento, abrió las puertas de la Comisión a las organizaciones no gubernamentales pseudo defensoras de los mares, los océanos y los seres vivos que en ellos habitan para, poco después de haber finalizado su mandato en la UE, integrarse en una de ellas -la multinacional The Nature Conservancy- en un claro ejemplo de cómo se abren puertas -las que ahora todos citan como giratorias- para asegurar su futuro y continuar en la cresta de la ola.

Para la Asociación Española de Titulados Náutico Pesquera (Aetinape), The Nature Conservancy es "una misteriosa entidad empresarial al servicio del poder financiero, formalmente preocupada por los asuntos medioambientales, pero sin pizca de compromiso real con la naturaleza. Esta organización es una de las más criticadas del mundo por su dependencia de las empresas petroleras".

Entre los financiadores de la organización que ahora dirige Damanaki figuran, según Aetinape, Bank of America, British Petroleum America, Cargill, Chevron, The Coca-Cola Company, The Down Chemical Company, Duke Energy, General Mills, Royal Dutch Shell, y Starbucks, "todas ellas multinacionales que utilizan la entidad con fines exclusivamente propagandísticos" y, como puede verse, con intereses fundamentales en las prospecciones petrolíferas.

Desde hace un tiempo -no mucho- las zonas de pesca en las que faenan la mayoría de los buques comunitarios -y con ellos los gallegos- están siendo reclamadas para realizar en ellas unas prospecciones que ya no pueden llevar a cabo en tierra firme, y lo que menos les importa es el número de pescadores afectados. Pero ahí están las restricciones a la pesca comunitaria y, en grandísima medida, la prohibición del arrastre en determinadas zonas.

Porque parece evidente que la prohibición para la flota de la UE de arrastrar en fondos de más de 800 metros o de más de 400 en zonas sensibles, no es gratuita (para Aetinape, no se han utilizado para ella razones científicas, sino económicas).

Que la Unión Europea ha dirigido en gran medida sus políticas pesqueras contra la flota española parece tan evidente que ni siquiera vale la pena entrar en discusiones. Es una flota, la española, a la que se ha zarandeado desde antes de la integración de España en la hoy UE. Con señuelos muy claros se ha engañado a buena parte de la patronal pesquera para que esta, con el achatarramiento de barcos, retire a estos de caladeros en los que ahora faenan buques que pescan causando más daños tanto a las áreas de pesca como a los mercados, entre estos al europeo, dependiente en la actualidad de lo que capturan las embarcaciones de países terceros.

España, como país integrante de la Unión Europea y de muchas otras organizaciones internacionales de pesca, no ha sabido contrarrestar -todo lo contrario, la apoya- la clara posición comunitaria en favor de la acuicultura . Mientras tanto, los pueblos que en Galicia dependen de la pesca, pierden su identidad, su cultura, su razón de ser y sus ciudadanos.

Pero María Damanaki ya tiene otra vaca a la que seguir ordeñando.

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