Pan, circo y un león de la arena

14.08.2017 | 00:29
Pan, circo y un león de la arena

El Brexit puede no ser tan perjudicial como inicialmente se espera. Y será así, teniendo en cuenta que el Reino Unido, en cuanto miembro -que sigue siendo, de momento- de la Unión Europea, ha trabajado duro para salir lo mejor parado posible en la reforma aplicada a la Política Pesquera Común (PPC). El Reino Unido ha sido, pues, una punta de lanza en la que fue la difícil negociación para concitar en la PPC los intereses de los 28 países miembros de la Unión Europea sin que, de modo expreso, los pescadores británicos y los intereses de estos como país resultaran perjudicados.

Con todo el recorrido como negociador que el estado británico ha acumulado en sus muchos años de historia resulta difícil, muy difícil, entender que habiendo sido uno de los pilares básicos de la nueva política pesquera de la UE ésta difiera mucho de la que, fuera ya de la Unión Europea, los británicos puedan llevar a la práctica desde el mismo momento en el que el divorcio se produzca (si éste realmente llega a buen puerto).

Ahora se entra en la fase de negociación del Brexit y todo hace pensar que la política pesquera va a ser fundamental tanto en los planteamientos británicos como los de los estados miembros de la Unión Europea. Por parte de los primeros, porque los intereses en materia pesquera de Escocia, Irlanda del Norte y Gales priman a lo hora de diseñar la política pesquera del Reino Unido (Inglaterra cuenta también, pero menos). Y por parte de la UE, porque de la tal PPC dependen muy mucho España, Francia y Portugal, pero también Alemania, Holanda e Italia. O, lo que es lo mismo, la pesca es parte esencial de los repartos económico-sociales a los que hacer frente en el post-pacto consecuente a la despedida y cierre del pacto comunitario con la Unión Europea.

Unos y otros van a tener que seguir gestionando sus pesquerías, y las de la UE sin las del Reino Unido son como un lunar poco favorecedor. Pero es que las británicas, sin encontrar mercados a los que acceder y carentes de los buques necesarios para afrontar un adecuada explotación de sus recursos pesqueros, pueden hacer que se ahoguen en su abundancia debido a que, aunque el consumo de pescado se ha visto incrementado en los últimos años, los súbditos de Su Majestad no tienen a los peces entre sus platos favoritos y los utilizan para el mercadeo. Simple y llanamente.

El Reino Unido lo sabe. Y sabe también qué camino ha de seguir para evitar la sobreexplotación pesquera que, en teoría, practica la UE y que ellos, los británicos, por sí solos no pueden mantener porque carecen de lo fundamental: barcos y marineros.

Los peces no tienen, a priori, pasaporte. Pero sí las aguas en las que se capturan. Y aquí está la madre del cordero: pesco y vendo; pescas y no me dejas pescar, pero tú no vendes.

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