Los microplásticos no son de ahora

03.09.2017 | 02:19
Los microplásticos no son de ahora

Hace muchos años que nuestros pescadores profesionales alertan de la persistente presencia de plásticos en los mares. Aquellos plásticos son, ahora, microplásticos sobre los que distintos investigadores trabajan -parece que con cierto éxito en Portugal- para combatirlos.

Pero la lucha no se puede plantear exclusivamente en el mar, donde ya existen enormes islas, casi continentes, formados por la acumulación de plásticos de todo tipo y color. Porque algo tan usual como los envases de exfoliantes, geles, pasta de dientes, cremas limpiadoras, detergentes, etc. pueden contener, según informa Greenpeace, entre 130.000 y 2,8 millones de diminutas bolas de plástico que llegan al mar a través de los sistemas de desagüe. Estos productos de higiene y limpieza que son de uso diario, envasados en material plástico, contribuyen decisivamente a contaminar los océanos y formar esas islas-continente multicolores.

Se calcula que Europa vierte anualmente al mar más de ocho mil toneladas de plástico procedentes de las microesferas de los cosméticos. Y entre el 21% y el 54% de todos los microplásticos del mundo flotan en aguas del Mediterráneo. Tales microesferas son tan diminutas que ni siquiera quedan atrapadas en los filtros de las depuradoras. Por esto acaban en el mar. Y por esto también, los animales marinos los ingieren, lo que les provoca bloqueos gastrointestinales.

Los organismos que filtran sus alimentos -como el mejillón y la ostra- no tienen opción alguna a evitarlos; pero los peces o los crustáceos -que se alimentan de forma selectiva- ingieren estos microplásticos confundiéndolos con huevas o, simplemente, comiendo a animales que previamente los han ingerido. Y a partir de aquí, pensemos en lo que ocurre en la cadena trófica o alimentaria. En toda esta se han hallado, a todos los niveles, rastros de plásticos que contribuyen al bloqueo gastrointestinal.

Incluso grandes depredadores como el atún o el pez espada padecen las consecuencias de esa presencia masiva de plástico en el mar. ¿Se estará incorporando también a nuestro organismo el microplástico presuntamente contenido en el marisco y los peces más comerciales?

Hay organizaciones medioambientalistas que demandan desde hace tiempo que Europa -también España- reduzcan la producción de plástico de un solo uso y mejoren su gestión. Por ejemplo, implementando sistemas de reciclado y retorno de envases -algo que no resultaría nuevo para varias generaciones de españoles que devolvíamos las botellas previamente adquiridas de vino, agua o refrescos a cambio de unos céntimos por el retorno-, prohibir las microesferas de plásticos y las bolsas de un solo uso y que se fomente la innovación en los diseños y materiales con menor impacto ambiental.

Cada vez que arrojamos al mar una botella, una bolsa de plástico u otro tipo de envase o envoltorio debemos pensar que las acciones del tiempo, el sol y las olas los rompen y los convierten en diminutos trozos que cualquier animal marino ingiere. Se calcula que hay casi 200 especies marinas con plástico en su interior. Su efecto en las personas está todavía por determinar. Pero a la vista de lo que algunas aves marinas diseccionadas tras su muerte ofrecen, las expectativas no son nada gratificantes.

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