Coser, un verbo y una acción

28.10.2017 | 01:29
Coser, un verbo y una acción

Coser se ha puesto de moda. Pero no tanto por lo que siempre ha sido tarea casera -incluso con la presencia en casa de las costureras que, máquina de coser en ristre, trabajaban durante la jornada a cambio del desayuno, el almuerzo, la merienda y unas pesetas (moneda que todos queríamos dada la escasez del metal o el papel de su valor)- como por el hecho de tratar de zurcir los rotos producidos por la acción política indebidamente practicada.

Así, la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, puso en el candelero el verbo coser cuando se refirió, tras la elección de Pedro Sánchez como secretario general de los socialistas españoles, a la necesidad de unir lo que los intereses de unos y otros socialistas habían desunido. Lo mismo ha ocurrido estos días, con la desafección de los soberanistas catalanes para con España y no sé si los españoles.

Pero es coser lo que también demanda la pesca. Coser, por ejemplo, esos retazos que se denominan sostenibilidad biológica, sostenibilidad social y sostenibilidad económica del sector pesquero y que es lo que Fremss pretende en su quinto congreso a celebrar en el salón de actos de la lonja coruñesa los días 7 y 8 de noviembre.

Una dura tarea la de aunar los tres intereses básicos del sector de la pesca, cuando aunar significa sobre todo lograr que lo sostenible no sea un disparate en lo biológico, lo social y lo económico. Porque, hasta ahora mismo, hablar de sostenibilidad económica era chocar frontalmente con la sostenibilidad biológica debido a que la economía en la pesca se basa en pescar y esto, pescar, ha sido entendido en los últimos tiempos como un acto depredador, que acaba con las distintas especies y elimina las pesquerías (cuando el pescador es el más interesado en conservarlas). La sostenibilidad económica no siempre ha ido de la mano de la sostenibilidad social, prima lejana que tampoco encaja exactamente en la biológica. Y, sin embargo, cuánto debe la biología a esas otras dos sostenibilidades autodependientes.

Fremss intenta coser, pues, las tres partes de un todo fundamental. Al menos va a intentar sentar las bases para que la acción de coser sea algo más que un simple remiendo. Porque la pesca ya no está para parches. Porque el sector pesquero precisa, probablemente, más que coser, aplicar cirugía y separar del corpus elementos perniciosos -que los hay- que nada quieren saber de encuentros, de cosidos de piezas del mismo todo y no una de mahón al lado de otra de gabardina para acabar uniendo ambas a un trozo que había sobrado de paño de Sabadell.

Será interesante el congreso, quinto, de Fremss. Sobre todo si se logra acercar a la realidad de la pesca a especialistas en la práctica del cosido.

Hablo de práctica, no de teoría. Porque teóricos se los encuentra uno en cada esquina. Y los prácticos no abundan si nos apartamos conscientemente de aquellos que saben lo que saben gracias a lo que practican.

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