ANTÓN LUACES.
Aunque parezca una frivolidad, lo cierto es que en asuntos relacionados con los accidentes marítimos -especialmente cuando estos registran víctimas mortales, como en el caso del pesquero de Ribeira Cordero a cuatro de cuyos tripulantes se busca, todavía, luego de tres semanas de intensos rastreos- hay similitudes en cuanto a actitudes y pasiones que hacen bueno el refrán que dice que "cada uno habla de la feria según le va en ella". No es el del Cordero un caso propio de feria, pero sí uno de los que ha movilizado -¡por fin!- a organizaciones y sindicatos, colectivos de profesionales de la mar y los propios medios de comunicación, además de, lógicamente, a los políticos. Y todo porque se evidencia en este luctuoso accidente que puede haber responsabilidades. Así lo entiende el secretario general del Sindicato del Mar de la CIG, Xavier Aboi, quien, en su papel, defiende la tarea realizada por el patrón del pesquero ribeirense y hace recaer en Salvamento Marítimo las responsabilidades de una tardía respuesta.
Sin restar importancia al planteamiento del sector del mar del sindicato nacionalista gallego, habría que matizar el mismo porque, si bien el armador del buque ha defendido a capa y espada la profesionalidad y el valor del mencionado patrón, nada se sabe de las opiniones al respecto de los otros dos supervivientes que, es de suponer, coincidirán con lo que el armador expone. Pero éste no estaría exento de responsabilidad si se plantea la búsqueda de la misma en quién decidió que el barco saliera a pescar siendo conocedores sus responsables -armador y patrón- que existía alerta naranja en la mar y aunque ahora se juegue con lo impuntual de la entrada en aguas de Galicia de un temporal que "se esperaba" para horas más tarde, como si el mal tiempo fuese el AVE o un avión de Iberia.
En un caso de abandono de buque, su tripulación debe saber en todo momento lo que tiene que hacer. No se puede improvisar. Y si a bordo había tripulantes que desconocían la metodología a emplear, habrá que preguntar al armador y a las autoridades competentes qué constancia tienen de la existencia de certificados de competencia marinera de cada uno de ellos, qué cursos han realizado para poder embarcar e incluso cuál es la capacitación en temas de salvamento y comunicación de los mandos del barco.
Que puede haber negligencia en la acción de salvamento ha de determinarlo la Comisión pertinente o el juez que intervenga si hay una denuncia al respecto o si actúa por iniciativa propia algún fiscal. Pero no es menos cierto que el acto de abandono del Cordero, la pérdida de balsas salvavidas, los consejos de última hora sobre cómo utilizar los chalecos salvavidas y cómo los tripulantes deben permanecer juntos en la mar, ofrecen algunas dudas sobre la formación de los hombres que iban a bordo de ese barco, el Cordero, que ahora mueve incluso a los profesionales de la mar a reclamar la realización de cursos de formación. ¿Y de qué han servido los que se han realizado y realizan, pagados por la UE, por el Ministerio de Pesca y por la Consellería de Pesca? ¿Dónde están las responsabilidades, en este sentido, de las entidades y organizaciones que los han impartido? ¿Qué control ha ejercido y ejerce el organismo que sufraga la realización de esos cursos?
Tal vez sea el momento de dar respuestas a estas cuestiones y comenzar a pensar en que el accidente del Cordero, con un muerto, cuatro desaparecidos y tres supervivientes, no es "sólo" un problema de Sasemar. También puede serlo de los armadores y de los mandos del pesquero. La mar no tiene la culpa. Ni tampoco hay que conformarse y señalar al tributo que a la mar hay que pagar por extraer de él todo lo que se comercializa dentro y fuera de la lonja.
La radiobaliza está inventada. También el canal de socorro de las comunicaciones. Lo mismo el Navtex y la Llamada Selectiva Digital. ¿Quién los activó en el barco?