M. CARMEN SUÁREZ | CEE
La desaparición del cadáver del empresario ceense Crisanto López Míguez hace casi tres meses continúa siendo un misterio sin resolver que trae de cabeza al juzgado de Corcubión y a las fuerzas de seguridad. Agentes de la Policía Judicial de la Guardia Civil abrieron ayer varios nichos vacíos en el cementerio parroquial de San Adrián de Toba, donde Crisanto fue enterrado en junio del 2007, pero no hubo ningún resultado positivo.
Estas labores provocaron una gran expectación en el camposanto, donde se reunieron unos cien vecinos de la zona para seguir de cerca los movimientos. El párroco avisó el pasado domingo en la misa de que iba a realizarse una nueva búsqueda del cadáver, de ahí que los hechos se siguiesen ayer con gran expectación. Además, en el tablón de anuncios de la necrópolis había un edicto del juzgado en el que se informaba de que debían facilitarse los medios necesarios a la Policía Judicial para llevar a cabo "la apertura de las urnas funerarias en el cementerio parroquial de San Adrián de Toba, que en el actualidad se encuentran vacías, al objeto de comprobar si efectivamente así es, o por el contrario, en alguna de ellas pudiese hallarse el cadáver de Crisanto López Míguez".
Las tareas de búsqueda se prolongaron durante cerca de dos horas sin éxito. En total se abrieron cerca de una decena de tumbas, la mayoría en las proximidades de la de Crisanto. Las que presentan señales de haber sido manipuladas se examinaron detenidamente para comprobar que no había restos del cadáver del empresario ni del ataúd. De momento se desconoce si en los próximos días habrá nuevos rastreos, puesto que el caso se encuentra bajo el secreto de actuaciones penales.
El pasado 5 de diciembre, ya se abrieron varios nichos en el mismo camposanto y tampoco hubo ningún resultado positivo. Ahora los agentes que investigan este caso trabajan sobre alguna pista y en los próximos días puede haber algunas novedades sobre este macabro suceso.
La desaparición del cuerpo de Crisanto López fue denunciada el pasado 20 de noviembre, el día que estaba prevista la exhumación del cadáver para practicarle unas pruebas de ADN solicitadas por un supuesto hijo, Manuel Enrique Caamaño. La sorpresa del médico forense y los abogados que acudieron al lugar fue mayúscula, puesto que en el nicho no había ni rastro del cadáver ni del ataúd.
Sólo había unos agujeros en la zona y el muro de cemento estaba roto, como si alguien entrase para robar el cadáver sin dejar ninguna prueba. Todos los indicios apuntaban a que el cuerpo había sido retirado pocas horas antes, ya que la silicona estaba fresca. Días después cuando la Guardia Civil abrió los primeros nichos advirtió de que había más tumbas con silicona fresca, seguramente para despistar.