JAVIER MARTÍN | TEHERÁN
Irán apuntó hacia Occidente en la segunda vista del juicio que se celebra contra más de un centenar de personas acusadas de instigar y participar en las protestas surgidas tras la polémica reelección del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad. Si en la sesión celebrada la pasada semana la Fiscalía centró sus acusaciones en figuras del reformismo como el ex vicepresidente Mohamad Ali Abtahí, ayer señaló a aquellos a quienes consideró agentes de países extranjeros.
En la sala destacaban la presencia de la joven profesora francesa Clotilde Reiss y de dos ciudadanos iraníes, Nazak Afshar, empleada de la embajada gala y su compatriota Husein Rasam, adscrito a la oficina política de la legación británica. Hacia ellos apuntó gran parte del acta de acusación leído por la Fiscalía, que los acusó de colaborar con embajadas extranjeras en un plan para derrocar la República Islámica. Según el texto, reproducido parcialmente por la agencia oficial local Irna, los encausados participaron "en actos criminales organizados" cuyo objetivo era alterar el orden público y la seguridad "con ayuda foránea".
Esos estados extranjeros, "que de forma hipócrita -continúa- defienden los derechos humanos, utilizan sus medios de comunicación para coordinar su diplomacia en contra de Irán". "Intentaron desestabilizar el país apoyando a los reformistas, a quienes financiaron para provocar una brecha entre el pueblo y sus representantes", añade el texto.
La Fiscalía señaló al Reino Unido, país al que acusó de urdir la supuesta conjura con meses de antelación. "Mucho antes de las presidenciales del 12 de junio, la embajada del Reino Unido en Irán trató de aproximarse a ciertas figuras políticas en el interior de Irán para poder alcanzar sus objetivos", dijo
Según Irán, la francesa Clotilde Reiss, profesora universitaria que fue detenida cuando se disponía a abandonar el país, habría admitido el envío de un informe a la embajada de su país sobre los disturbios y "pidió perdón".