AGENCIAS / A. RODRÍGUEZ | TEGUCIGALPA / NUEVA YORK
Una nueva etapa parecía abrirse ayer en Honduras. La del diálogo tras tres días de casi continuo toque de queda con el propósito de salir de la crisis política que atraviesa el país tras el golpe de Estado de finales de junio. Los candidatos de los cuatro principales partidos que concurren a las elecciones del próximo 29 de noviembre se reunieron ayer con el presidente de facto Roberto Micheletti y luego con el depuesto Manuel Zelaya. Los cuatro aspirantes y el derrocado presidente dieron el primer paso para reanudar la mediación con el mandatario de Costa Rica, Óscar Arias.
La reunión se produjo en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa, donde Zelaya se encuentra desde el lunes tras volver por sorpresa al país, del que los militares lo expulsaron el 28 de junio. Los candidatos instaron tanto a Zelaya como a Micheletti a volver a la mesa de negociación en el marco del acuerdo de San José, impulsado por Arias y que entre otros puntos incluye la restitución condicionada del depuesto presidente, una amnistía política y un gobierno reconciliador.
Por su parte, la conversación entre el ex presidente estadounidense Jimmy Carter y Roberto Micheletti dio sus frutos: el presidente de facto aceptó la propuesta para que Arias visite el país en unos días y el ex presidente de EEUU se comprometió a enviar a un asesor a Honduras y a estudiar el envío de observadores.
Pero este aparente cambio de rumbo se vio truncado por la tarde. Como si intuyera lo que iba a ocurrir, tras la reunión con los cuatro candidatos el depuesto presidente de Honduras instó a sus seguidores a continuar con su resistencia al Gobierno de facto de Micheletti hasta lograr "la caída de los usurpadores" del poder en el país. Poco después, los militares hondureños que cercan desde el pasado lunes las instalaciones de la Embajada donde se refugia Zelaya volvieron a lanzar gases lacrimógenos, un ataque que Micheletti se encargó de desmentir. "Se me irritan los ojos y aquí hay gente sangrando y vomitando", denunció Zelaya. Las instalaciones continúan rodeadas por militares y policía que impiden el ingreso de comida y medicamentos a los cientos de seguidores de Zelaya que se agolpan a sus puertas. Una situación ante la que ayer intervino el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que condenó "los actos de intimidación" contra la Embajada e hizo un llamamiento al Gobierno interino a dejar "el acoso".