PATRICIA FERRO LISBOA
La victoria en las elecciones del domingo ha supuesto para los socialistas un nuevo balón de oxígeno, especialmente para su líder, José Sócrates, que algunos daban políticamente muerto. Sin embargo, si llegar hasta aquí no fue fácil, el paso siguiente parece todavía más complicado, ya que al no haber logrado revalidar la mayoría absoluta, precisa negociar para obtener los apoyos que necesita para gobernar y para aprobar los presupuestos.
El ya dijo que gobernará con su programa electoral, pero no ha cerrado la puerta a posibles coaliciones o acuerdos. Durante toda la campaña, Sócrates manifestó su voluntad de gobernar en solitario, como ocurre con su amigo Zapatero en España, aunque en su discurso de la victoria, no cerró la puerta a ningún tipo de acuerdo, tampoco a una posible coalición.
El líder socialista es consciente, y así lo dijo, de que, "esta legislatura merece estabilidad", debido a la difícil situación que atraviesa el país, pero no adelantó como la conseguirá, aunque pidió "responsabilidad" a todos los partidos. Se limitó a decir que seguirá el procedimiento constitucional: el día 7 se conocerán los cuatro escaños que faltan, procedentes del voto del exterior; en los 10 días siguientes el presidente de la República convocará a los partidos e invitará al más votado a formar gobierno.
A partir de ahí, comenzará a dialogar con todos los partidos con representación en el Parlamento. Por eso, "todavía es pronto para saber qué soluciones gubernativas saldrán de las conversaciones con el resto de los partidos", señaló el líder socialista. Además, no quiere entrar en el tema de los posibles acuerdos, porque sigue en campaña electoral, las municipales, que comenzó a las pocas horas de conocerse el resultado de las legislativas.
Las quinielas
Pero aunque Sócrates no quiera hablar, las quinielas sobre los posibles pactos ya están en boca de todos, e incluso de los otros líderes, que aunque no se han manifestado abiertamente, han dado pistas sobre sus intenciones.
Portugal no es un país con tradición en coaliciones gubernamentales y de hecho tras la Revolución del 25 de abril sólo hubo dos: una entre 1983 y 1985 entre los dos grandes partidos, socialistas y centro derecha, y otra entre 2002 y 2004 entre el PSD, de centro derecha, y los demócratas cristianos.
Por ello, una coalición parece difícil, entre otras cosas, porque tendría que ser con un partido de derechas, ya que sólo el PSD y el CDS-PP, el más a la derecha del Parlamento, tienen escaños suficientes para darle la mayoría al PS.
Sin embargo, acuerdos parlamentarios puntuales parecen más factibles, especialmente con el CDS-PP. Su líder, Paulo Portas, que fue ministro con Durao Barroso gracias a la coalición que alcanzaron, ya se ha mostrado disponible para dialogar y hacer un esfuerzo para llegar a un entendimiento.
Una coalición con el PSD parece imposible y los acuerdos puntuales dependerían de muchas cosas. Entre ellas, de las explicaciones que dé el presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva, sobre el escándalo de espionaje que se destapó durante la campaña
Cavaco, miembro del PSD, destituyó a su asesor de prensa, y se comprometió a dar explicaciones al país al final de las elecciones, lo que no se sabe es si esperará también a que se celebren las municipales. De sus palabras dependerán sus relaciones con el primer ministro y en parte, las del PSD con el PS.