CARMEN POSTIGO | ROMA
El primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, convirtió la pérdida de la inmunidad que mantenía paralizados sus procesos judiciales en un desafío: "Expondré a mis acusadores al ridículo y les mostraré a ellos y a los italianos de qué pasta estoy hecho".
La resolución del Tribunal Constitucional de declarar ilegal la llamada Lodo Alfano, promovida por el ministro de Justicia Angelino Alfano en 2008 y que otorgaba inmunidad a los cuatro altos cargos del Estado, llevado al presidente del Gobierno italiano, que se enfrenta al menos a dos juicios, a retomar su querida estrategia de que la mejor defensa es el ataque. Tras reiterar que no dimitirá, aseguró que "hay dos procesos-farsas, absurdos, risibles que enseñaré a los italianos incluso yendo a la televisión".
Se refería de este modo al caso del pago de 580.000 euros al abogado británico David Mills (ya condenado) para que testificara a su favor y a las presuntas irregularidades en la compraventa de derechos televisivos por sus empresas.
En cuanto al juicio de Mediaset, los delitos que pesan sobre Berlusconi se han reducido y también puede que los cargos prescriban, mientras que de los otros dos juicios pendientes, uno de ellos está en fase de investigación y otro, a punto de ser archivado.
Quizá por ello, en ningún momento el primer ministro ha apuntado la posibilidad de dimitir, sino todo lo contrario: "Sigo adelante, tranquilo y con más fuerza que antes", para añadir después: "El Gobierno continúa serenamente, con más ganas si cabe, ya que se considera absolutamente indispensable para la democracia y para el bienestar del país".
Berlusconi destacó que ya gobernó sin esa ley desde 2001 a 2006 y que continuará gobernando "sin el Lodo Alfano". Y con socarronería ha concluido: "Menos mal que está Silvio (que es el título de la canción electoral), ya que de otra manera el país acabaría en manos de la izquierda, que tiene una organización en la magistratura que usa el poder judicial con fines políticos".
El primer ministro ha vuelto a arremeter contra el jefe del Estado, el ex comunista Giorgio Napolitano, al que ha acusado de ser de izquierdas. "Ha sido elegido por una mayoría de izquierdas que no tiene la mayoría en el país y tiene las raíces de su historia en la izquierda. Creo que incluso el último nombramiento de un magistrado de la Corte demuestra que de qué parte está".
El veterano Napolitano ya respondió que está de parte de la Constitución, pero el líder opositor y ex magistrado Antonio di Pietro, de Italia de los Valores, ha cargado también contra el presidente de la República por firmar en su día el Lodo Alfano, así llamado por el ministro que la impulsó.
En las filas de la oposición, el más activo, sin duda, ha sido Di Pietro, ya que el líder del Partido Demócrata, Dario Franceschini, se ha limitado a decir que la respuesta del pueblo a los ataques de Berlusconi a los órganos constitucionales se llevara cabo el 25 de octubre con las elecciones primarias de su grupo.
Di Pietro ha convocado una "gran manifestación, una Piazza Navona 2 para pedir en alta voz la dimisión de Berlusoni" y "para que vayamos a las urnas", tras afirmar que el primer ministro debe dimitir "por razones técnicas, no por odio personal".
Adhesión incondicional del centroderecha al magnate italiano, con un matiz, el del presidente del Congreso de Los Diputados, Gianfranco Fini, y número dos de su partido Pueblo de la Libertad (PDL), convertido ya en "l'enfant terrible" del centroderecha. Tras apoyar a su jefe, Fini ha afirmado que "no puede olvidar su deber constitucional de respetar al Tribunal Constitucional y al Jefe del Estado".
Pero el talante de Berlusconi ante el nuevo escándalo lo demostró en la exposición El Poder y la Gloria, sobre cuadros de los santos de Europa, cuando dijo al secretario de Estado del Vaticano, Tarsicio Bertone: "Aquí falta 'San Silvio de Arcore' (en referencia a él mismo), que ha hecho mucho por Italia".