JAVIER MARTÍN | TEHERÁN
La controversia sobre el programa nuclear iraní abrió un nuevo capítulo con la llegada de los inspectores del Organismo Internacional de la Energía Atómica, que pudieron visitar por vez primera la planta de enriquecimiento de uranio que Irán construye en secreto desde hace meses.
Los cuatro expertos aterrizaron el domingo de madrugada en la capital iraní y escasas horas después pusieron pie en la polémica central de Fordu, que se edifica bajo una colina cerca de la ciudad santa de Qom, a unos 120 kilómetros al suroeste de Teherán.
Su misión, tratar de certificar que la instalación, en la que los científicos iraníes pretenden colocar tres mil centrifugadoras de moderna generación, se ajusta y limita a los fines pacíficos que alega el régimen de los ayatolá.
"Los inspectores visitaron esta mañana la planta y tienen previsto hacerlo varias veces más hasta el martes", fecha en que regresarán a Viena, confirmó horas después la agencia de noticias local Mehr.
Fordu se ha convertido en una nueva fuente de suspicacia para la comunidad internacional, que acusa a Irán de ocultar, bajo su programa nuclear civil, otro de naturaleza clandestina y aplicación bélica cuyo objetivo sería adquirir un arsenal atómico.
Engaño iraní
Vigilada por los satélites norteamericanos desde que hace más de dos años comenzara su edificación, su existencia salió a la luz envuelta en polémica el 25 de septiembre, al margen de la cumbre del G-20 en Pittsburg.
Aquel día, el presidente estadounidense, Barack Obama, flanqueado por su colega francés, Nicolás Sarkozy, y el primer ministro británico, Gordon Brown, acusó a Irán de haber engañado al mundo al iniciar su construcción "de forma clandestina".
El régimen iraní trató de justificar su acción y alegó que no había actuado de forma secreta ya que había informado al OIEA cuatro días antes de la denuncia de la Casa Blanca. Además, subrayó haber actuado de buena fe al no estar obligado a revelar su existencia hasta seis meses antes de que empiece a funcionar.