LUIS MUÑIZ / AGENCIAS | A CORUÑA / BRUSELAS
La Unión Europea verá deslucida su cumbre que se celebra mañana y el viernes al notificarse ayer el aplazamiento por parte del Tribunal Constitucional checo, hasta el 3 de noviembre, su fallo sobre el recurso presentado por 17 senadores conservadores contra el Tratado de Lisboa.
La República Checa es el único país miembro que aún no ha ratificado el texto. Lo ha hecho su Parlamento, pero no su tozudo presidente, el euroescéptico Vaclav Klaus. Éste quiere que Chequia quede fuera de la Carta de Derechos Fundamentales y la Presidencia sueca parece haber dado con una fórmula para satisfacerle. Con todo, sin fallo del Constitucional, la cuestión checa sigue en el aire, y además persiste la amenaza de veto de Eslovenia, que exige lo mismo que Praga.
Los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete querían abordar en firme, en su reunión de esta semana, los nuevos nombramientos que emanan del Tratado, el de presidente estable de la Unión Europea y el de alto representante de política exterior, que verá reforzadas sus funciones.
Sin embargo, sin conocer previamente la decisión de la Corte Constitucional checa, a los líderes europeos sólo les queda hacer quinielas.
El ex primer ministro británico Tony Blair es el que suena con más fuerza para presidir la Unión, aunque los tories rechazan de plano esta posibilidad, al igual que el primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker, que ayer presentó su candidatura y puso en duda el europeísmo de Blair.
"Si se me pidiera, no tendría motivos para rechazarlo. Con la condición de que (la solicitud) se base en ideas ambiciosas para este puesto", afirmó Juncker en una entrevista al periódico francés Le Monde al ser preguntado por si quiere ser candidato a presidir la Unión Europea.
El primer ministro luxemburgués recordó que en 2004 el resto de líderes europeos le pidieron que fuera presidente de la Comisión. Entonces lo rechazó porque se había comprometido con los electores luxemburgueses a culminar su mandato. Pero en las elecciones de 2009 no ha asumido un compromiso similar, según destacó.
El presidente del eurogrupo afirmó que su rechazo a la candidatura del ex primer ministro británico, que según dice comparten Bélgica y Países Bajos, "va más allá de la persona del señor Blair". "No veo en qué áreas Reino Unido ha demostrado una auténtica inspiración europea en los últimos diez años, con la excepción de los avances en defensa", señaló Juncker. Y resaltó especialmente que Londres no ha participado en la creación del euro, gracias a la cual "la UE ha adquirido una credibilidad internacional".
Por su parte, el ministro sueco de Exteriores, Carldt Bildt, se autodescartó como candidato para suceder a Javier Solana al frente de la diplomacia europea. Mientras, su homólogo español, Miguel Ángel Moratinos, evitó hacer quinielas sobre los nombramientos y afirmó que, "e momento", España no aspira a ocupar ninguno de los dos cargos.
"Es prematuro prejuzgar y hacer quinielas", dijo Moratinos en rueda de prensa en Luxemburgo al ser preguntado si a España le parecía un buen candidato el primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker.
"Juncker o Blair son personalidades con las que España ha tenido una excelente relación y (tienen) todas las cualidades políticas, personales, de experiencia para asumir un cargo tan importante y trascendente como éste. Pero no puedo decir más porque no sabemos si esa candidatura se va a formalizar", subrayó Moratinos.
El ministro evitó decantarse de este modo por ninguno de los dos líderes argumentando que está todo "muy abierto" y que la negociación de los nuevos puestos que crea el Tratado es "un paquete" en el que hay que buscar al sustituto de Javier Solana como alto representante de la UE para la Política Exterior. "Hay que jugar con las familias políticas y luego la alquimia final que produce la fumata blanca, pero no estamos en ese momento", remachó Moratinos.
Así las cosas, todo parece indicar que la cuestión no será abordada en profundidad hasta la celebración de una cumbre extraordinaria, que sería convocada en noviembre, una vez que el Constitucional checo se haya pronunciado sobre el Tratado.