LUIS MUÑIZ | A CORUÑA
Aprobada por sólo cinco votos en la Cámara de Representantes, la reforma sanitaria de Obama afronta ahora su paso por el Senado, donde los demócratas pueden encontrar aún más obstáculos en sus propias filas. Con todo, el líder de la mayoría en la Cámara alta, Harry Reid, anunció que el debate sobre el plan comenzará la semana entrante y que la previsión es completar el trabajo legislativo antes de Navidades.
Las halagüeñas previsiones de Reid contrastan con las de otros líderes demócratas del Senado, que juzgan imposible que el proyecto llegue al Despacho Oval antes de que concluya el año. De hecho, el senador demócrata por Nebraska Ben Nelson dijo a la cadena ABC que votará en contra de cualquier plan de reforma que se parezca al que el sábado salió de la Cámara baja.
Las reticencias de Nelson, que son un poco las de todos los senadores demócratas que proceden de estados conservadores -el año que viene se renueva un tercio de la Cámara alta-, tienen que ver, básicamente, con el aborto y las astronómicas cifras del plan aprobado por la Cámara de Representantes, 1,1 billones de dólares en 10 años, un gasto que muchos atribuyen a la creación de un seguro público.
Los demócratas disponen en el Senado de una holgada mayoría de 58 escaños, más los dos independientes que suelen votar con ellos. Sin embargo, uno de éstos, Joe Lieberman, ya ha puesto en cuarentena el programa que obtuvo la luz verde en la Cámara baja.
Por otra parte, el rechazo frontal a que el nuevo seguro público dé cobertura a los abortos ya obligó el pasado sábado a los líderes demócratas de esta Cámara a hacer concesiones a sus correligionarios del ala más conservadora, y aun así, la votación salió adelante por un exiguo 220-215. Los demócratas, que disponen en la Cámara de Representantes de 248 escaños, sólo obtuvieron dos votos más de los necesarios para aprobar el plan.
El líder de la mayoría demócrata en el Senado confirmó que la Cámara aún no tiene finalizada la redacción de su versión de la reforma. En el Senado hay actualmente dos proyectos de ley, que deben fundirse en uno antes de que el Pleno sea convocado para un debate formal. Reid, además, está esperando todavía por el análisis de las cifras del plan que reclamó a la Oficina de Presupuestos del Congreso.