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La impunidad con la que actúan los piratas en Somalia, con continuos secuestros de buques de todo tipo y nacionalidad a cambio de suculentos rescates económicos, hace suponer que no existe en ese país africano un gobierno capaz de imponer la autoridad y el orden. Eso es así, pero con salvedades y paradojas que deambulan entre lo dramático y lo cómico.
Somalia tiene una marina de guerra… sólo que sin barcos. En 1991, cuando estalló la guerra civil que trajo la actual anarquía, un oficial huyó a Yemen con un grupo de marineros y la flota al completo, con la que creó una flota pesquera. Así que hoy, el almirante jefe de la armada somalí, Farah Ahmed Omar, no puede planear otra alternativa que perseguir a los piratas por tierra, intentando neutralizarlos en sus bases.
Una labor ímproba, puesto que la piratería se ha convertido en un negocio floreciente en un país que apenas tiene nada: emplea a cientos de personas e insufla decenas de millones de dólares en la economía sumergida.
En contraste, la marinería somalí al mando del almirante Omar parece simplemente un grupo de adolescentes desocupados, tocados con gorras rojas adornadas con un escudo del Real Madrid…
El Magazine ofrecerá este fin de semana un amplio reportaje en exclusiva sobre la armada sin barcos de Somalia.