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AGENCIAS | ESTORIL Las elecciones presidenciales del domingo en Honduras marcaron ayer de principio a fin la primera jornada de la XIX Cumbre Iberoamericana, que se celebra en Estoril. La mayor parte de los países reunidos rechazan no ya los resultados de los comicios sino el propio proceso electoral que, sin embargo, ha sido calurosamente acogido por Estados Unidos.
De los países representados en Estoril, sólo Colombia y Panamá apoyan la validez de las elecciones, mientras que Costa Rica -que ha jugado el papel mediador en la crisis hondureña desencadenada por el golpe de Estado del pasado 28 de junio- llama a alcanzar una posición común de reconocimiento del proceso.
Por su parte, los presidentes de Brasil y España, Luiz Inácio Lula da Silva y José Luis Rodríguez Zapatero, se reunieron a primera hora de la jornada, en unión del Rey y de la vicepresidenta De la Vega, y llamaron a los líderes iberoamericanos a que alcancen una posición conjunta "aceptable". Al mismo tiempo, ambos mandatarios defendieron que se dé tiempo a los propios hondureños para que aborden la vuelta al orden constitucional en este país, según informaron fuentes del Gobierno español.
Brasil no acepta en principio la legitimidad de los comicios -lo que tensó sus relaciones con EEUU la pasada semana-, pero parece convencido de la necesidad de encontrar una solución. Parecida es la posición de partida de España, que "no reconoce" las elecciones pero "tampoco las ignora", puesto que de ellas han surgido "nuevos actores políticos".
Por este motivo, el Gobierno español defiende la búsqueda de "un mecanismo de diálogo" que permita una salida a la crisis, según informó el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos.
España está a la espera de que el Congreso Nacional hondureño celebre mañana miércoles un debate para decidir si se debe producir o no el regreso del depuesto presidente Zelaya, refugiado desde septiembre en la embajada brasileña en Tegucigalpa, a sus funciones anteriores al golpe. Sin embargo, el propio Zelaya, que el domingo anunció que está pensando en exiliarse en Nicaragua, proclamó ayer que no aceptará su restitución porque significaría legalizar las elecciones del domingo.
Mientras, el secretario general de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, se mostró dispuesto a dialogar con el hondureño Lobo a condición de que se reponga a Zelaya.
Así las cosas, el apoyo más claro y potente que tienen las elecciones del domingo es el de EE UU. Su secretario de Estado adjunto para América Latina, Arturo Valenzuela, reconoció ayer en Washington la "amplia victoria" de Lobo y aseguró que las elecciones cumplieron las normas internacionales. Para Valenzuela, las elecciones suponen un paso "significativo" para Honduras, si bien el país, dijo, "tiene que hacer más" para restaurar la democracia y seguir un proceso de reconciliación nacional.
El presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, invitó a Lobo a "iniciar un proceso de reconciliación del pueblo hondureño" y el presidente colombiano, Álvaro Uribe, calificó de "inobjetable" el proceso electoral.
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