AGENCIAS | ROMA
El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, deberá permanecer una noche más en el hospital San Raffaele de Milán, donde está ingresado desde el domingo cuando sufrió una agresión. La noche del martes al miércoles fue muy agitada para el premier italiano: un joven de 26 años con problemas mentales fue interceptado cuando intentaba colarse en el centro para, según aseguró a la Policía, "saludar" al convaleciente jefe de Gobierno.
En un principio se esperaba que Berlusconi abandonara ayer el hospital, pero los doctores que le atienden, entre ellos su médico personal, Alberto Zangrillo, decidieron dejarle un día más bajo observación, ya que persisten los dolores y todavía se alimenta con dificultad.
A pesar de este aplazamiento, el jefe del Gobierno italiano sigue "determinado a continuar con su acción gubernamental y sigue concentrado en este objetivo", dijo Zangrillo al difundir el último parte médico. Zangrillo manifestó que Berlusconi presenta un edema en el rostro y que los dolores del cuello, a raíz del golpe sufrido, se han agudizado en las últimas horas y comentó que el primer ministro tendrá que abstenerse de asistir a actos públicos durante al menos otros quince días.
Berlusconi aceptó de "buen grado" la decisión de aplazar su salida del hospital, según relató su médico, que explico que el mandatario "es consciente de la gravedad del trauma sufrido" y de este modo "se siente más tranquilo".
Su presunto agresor, Massimo Tartaglia, de 42 años, que desde hace diez años está bajo tratamiento psiquiátrico, permanecerá en la cárcel de Milán después de que la juez ratificara ayer los autos de arresto y la prisión cautelar contra él.
El padre del agresor, Alessandro Tartaglia, teme que su hijo pueda intentar suicidarse si continúa en prisión. "Mi hijo en la cárcel no puede estar porque está mal, no puede estar con otros detenidos, tengo miedo de que cometa un gesto irreflexivo", explicó el progenitor.
En el ámbito político, el clima se ha serenado, después de que el presidente de la República, Giorgio Napolitano, hiciera un llamamiento a la calma y diera un toque de atención sobre la falta de cohesión que existe en la política italiana. Los últimos días estuvieron marcados por la tensión y por las acusaciones cruzadas por decidir quién es el "responsable del odio".