MARÍA JOSÉ IGLESIAS | A CORUÑA
La tensión regresa al ala oeste de la Casa Blanca. No es ficción. El presidente Obama se reincorpora al trabajo y ya ha convocado el martes a los secretarios de Justicia, Seguridad Nacional y Defensa, y al resto de los responsables de las 16 agencias de seguridad, entre ellos, al embajador contra el terrorismo, Daniel Benjamin, autor de La globalización de la yihad y subordinado de Hillary Clinton. Abordarán el escenario prebélico desplegado en Yemen. Los analistas norteamericanos ya califican al país de "tercer frente contra el terrorismo", tras Afganistán y Pakistán.
Janet Napolitano, la secretaria de Seguridad Nacional, deberá explicar a Obama por qué se produjo el fallo que permitió al nigeriano Umar Faruk Abdulmutallab subir cargado de explosivos a un avión que hacía la ruta Ámsterdam-Detroit el día de Navidad para cometer un atentado. Tal vez el presidente debería preguntarse por qué esta misma semana, cuando los controles en los aeropuertos se habían extremado al máximo, algunos pasajeros tomaron vuelos con mecheros cargados de gas, que pasaron perfectamente el escáner y la mirada escrutadora de los policías.
En Washington se esfuerzan en apagar el fuego de las críticas republicanas al silencio de tres días de Obama, aireadas desde la conservadora Fox News, y a las versiones contradictorias de Napolitano. Mientras, Al Qaeda convierte en héroe a la estrella que ensombrece a Bin Laden: el imán Anwar Al Awlaki, un ingeniero californiano, bloguero, con un inglés impecable, que se trasladó a Yemen en 2002 y al que se relaciona con el autor de la masacre de Fort Hood en Texas, en la que 13 militares fueron acribillados a balazos el 5 de noviembre.
El pasado 24 se le dio por muerto en un bombardeo de la aviación yemení contra milicianos de Al Qaeda. Ahora se le ha vuelto a resucitar. Muerto o vivo, los informes del Pentágono avalan el contacto entre Awlaki y Abdulmutallab. Yemen, el país más pobre de Oriente Medio, tierra natal del padre de Bin Laden, es un nido de guerras internas, corrupción y radicalismo islámico. La anarquía reina en un Estado, paradójicamente, aliado de Estados Unidos, donde los piratas somalíes esconden sus barcos.
El Pentágono sigue de cerca los pasos de las facciones enfrentadas en el norte y el sur. Se cree que Al Qaeda ha montado una base central de operaciones, lejos del control militar de Pakistán y Afganistán. En septiembre Obama envió una carta al presidente Saleh, prometiendo ayuda para combatir el terrorismo. El senador Joseph Lieberman, presidente de la Comisión de Seguridad Interna, reconoció esta semana que Estados Unidos desarrolla operaciones especiales de inteligencia militar en Yemen desde hace meses. El país, fronterizo de Arabia Saudí y Afganistán, gasta un tercio de su presupuesto en armamento.
En febrero de 2009, Saleh compró armas a Rusia por un billón de dólares. Las drogas de Pakistán, Irán y Siria se distribuyen desde Yemen a los países del Golfo. Cada año miles de niños son vendidos para mendigar en Arabia Saudí y Egipto. El 3 de mayo de 2009 ocho personas murieron en atentados en el sur de Yemen, entre ellos, un americano. Barack Obama lo recalcó ayer mismo.
Si hay un lugar en el planeta donde se mima el terrorismo yihadista, ése es Yemen. Los campos de entrenamiento de Al Qaeda son una fructífera cantera de guerreros que no temen morir por Alá. Los datos lo corroboran: casi la mitad de los 200 prisioneros de la cárcel de la base americana de Guantánamo (Cuba) son de origen yemení o están estrechamente relacionados con el país.
Dos de los ex presos más famosos, los saudíes Said Al Shihri y Mohamed Al Awfi. fueron liberados en 2007, aún bajo la administración Bush. Pertenecen al grupo de mando de la red terrorista en suelo yemení.
El país, que en 1994 vivió una sangrienta guerra civil, tras unificarse en 1990, lleva diez encadenando un interminable rosario de atentados que ayudan poco a estabilizar una zona en la que la mayor parte de las ciudades carecen de agua corriente, electricidad y hospitales.
En septiembre de 2008, la embajada de Estados Unidos en Saná sufrió un ataque con morteros que se saldó con 16 muertos. Se le adjudicó a Al Shiri. En julio de 2007, siete turistas españoles y sus dos guías yemeníes morían a manos de un terrorista suicida a su regreso de visitar la tumba de la Reina de Saba. El 15 de marzo de 2009, cuatro turistas surcoreanos fueron asesinados en la provincia meridional de Hadramawt. Dos meses después perecieron dos turistas belgas y su chófer.
Pero la más grave de las acciones terroristas de los últimos años en Yemen se produjo el 12 de octubre del 2000. Un comando de Al Qaeda atacó el destructor estadounidense USS Cole en el puerto de la ciudad sureña de Adén. Murieron 19 personas.
El gobierno yemení, basado en un consejo presidencial de 5 integrantes -tres del norte y dos del sur- se sumó a la guerra contra el terrorismo impulsada por Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.
El Ejecutivo lleva años ocupado en combatir a los rebeldes chiíes en la provincia de Saada, al norte. Con este panorama, el primer ministro británico, Gordon Brown ha convocado una cumbre internacional, en Londres, el 28 de enero, para tratar la radicalización islamista en Yemen.
La conferencia cuenta con el apoyo de Washington y la Unión Europea y coincide con otra reunión sobre el conflicto en Afganistán. Adén, tomado por los portugueses en el siglo XV, estuvo bajo dominio británico a finales del XIX. Una vez más, la historia se entrelaza.