EFE
El canciller ecuatoriano, Fander Falconí, presentó este martes su renuncia al cargo, tras las críticas que hiciera el presidente de la República, Rafael Correa, al proyecto ambientalista Yasuní-ITT, por considerar que su negociación afectaba a la soberanía nacional.
Falconí, que ha sido uno de los mayores impulsores del proyecto, dimitió un día después de que lo hiciera uno de los integrantes de la comisión gubernamental creada para negociar la iniciativa, Roque Sevilla, que tampoco aceptó las críticas de Correa.
La iniciativa Yasuní-ITT es un ambicioso proyecto ambiental, que ha recibido el apoyo de varios países desarrollados, y que supone dejar de explotar un gran yacimiento petrolífero ubicado en una zona de alta concentración de biodiversidad en la Amazonía, a cambio de una compensación de la comunidad internacional.
En un comunicado de la cancillería, en el que se explica la renuncia de Falconí, éste advierte de que el proyecto y toda su gestión se encaminaron a "configurar un nuevo modelo de desarrollo para el país", que resultaría insuficiente "si no se los apoya con el cambio del modelo productivo".
Ese cambio, señala Falconí, se encuentra "simbolizado por la Iniciativa Yasuní-ITT", la misma que "merece un compromiso mucho más explícito, que la fijación de un plazo perentorio de seis meses para acopiar los recursos financieros requeridos".
El canciller se refería a una declaración de Correa en la que criticó la negociación de las condiciones del proyecto que, a su juicio, eran "inaceptables", ante lo cual Ecuador podría optar por explotar el petróleo desde junio próximo y evitar el cabildeo ante los países desarrollados.
Según Falconí, la iniciativa Yasuní-ITT es más que un proyecto, pues para él, "su trascendencia marca la diferencia de sustancia de un proyecto político que, en su esencia, propone un cambio de forma de vida".
Además, señala que el proyecto y sus propósitos están perfectamente respaldados en la Constitución de la República, aprobada en referéndum en septiembre de 2008, impulsada por Correa y que contiene novedosos aportes sobre los derechos de la naturaleza.
Destacó que en el ámbito multilateral, impulsó la Iniciativa Yasuní-ITT, que plantea "no explotar 850 millones de barriles de petróleo pesado, en aras del respeto a los pueblos originarios que desean vivir en la Amazonía sin contacto con la civilización occidental".
El proyecto también busca "preservar una biodiversidad única" y "evitar la producción de unas 410 millones de toneladas de dióxido de carbono, que se generarían al quemar esos hidrocarburos", remarcó Falconí.
Apoyo de PNUD
Recordó que la cancillería tuvo el apoyo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para el diseño de "un instrumento internacional -el fideicomiso- para dar viabilidad financiera a la Iniciativa", pero con garantías para proteger "los intereses del pueblo ecuatoriano y también la seguridad de los aportantes".
Además, Falconí señaló que Ecuador pudo llevar a la Cumbre del Cambio Climático de Copenhague, en diciembre pasado, "una propuesta terminada, que hubiera marcado la diferencia entre la bochornosa retórica de ese evento y acciones reales para defender a la naturaleza".
Sin embargo, el presidente Correa, que no ha descartado seguir en la negociación de la iniciativa Yasuní-ITT, aseguró que fue él quien dio la orden para que no se firmara la constitución del fideicomiso internacional, durante la Cumbre de Copenhague, al considerar que las condiciones eran "vergonzosas" para su país.
"Estamos hartos de que nos traten como colonia, de que nos traten como inferiores", dijo Correa al rechazar que los países contribuyentes hayan propuesto tener la mayoría en el fideicomiso y la posibilidad de calificar los proyectos ambientales que integran la iniciativa.
"Si es así, quédense con su plata y en junio empezamos a explotar el ITT. Aquí no vamos a claudicar en nuestra soberanía. Entiendan que los que más sacrificio estamos haciendo somos los ciudadanos de Ecuador, en cualquier parte del mundo hubieran explotado el petróleo", recalcó Correa