J.M. SADÍA | MADRID
La embajadora de Haití en España saca tiempo donde no lo hay para atender a los medios. Yolette Azor-Charles es una de las atracciones de Fitur 2010. Su localidad natal, Gonaives, en el centro de Haití, ya sufrió un devastador huracán hace un par de años. Esta vez, el terremoto se ha cebado con Puerto Príncipe, donde residen varios de sus familiares, de los que aún carece de noticias.
-Sigue siendo importante estar en un foro mundial como es Fitur, ¿por qué?
-Estamos aquí para mandar un mensaje real y positivo y así demostrar que Haití sigue existiendo. Nuestro país tiene 27.700 kilómetros cuadrados y el problema ha afectado a la capital, a varias ciudades del sur y al 20% de la población. La gran mayoría de los haitianos hace una vida normal y tiene actividad, pero también angustia por ayudar a los demás. Ahora, es el momento de pensar en la reconstrucción. Los países que han sufrido terremotos o "tsunamis" no se han hundido, siguen existiendo.
-¿Cómo valora el comportamiento de España con Haití?
-Desde el principio, la solidaridad española ha sido ejemplar. Desde 2004, Haití es un país prioritario para la cooperación española y la ayuda se incrementó por 30. España está involucrada, al fin y al cabo, con una antigua hija suya, algo que la gente olvida. Nos han mostrado su apoyo y nos han dado fuerza para creer que Haití existe.
-¿Cómo se puede entender que las catástrofes naturales siempre se ceben con los débiles?
-Las catástrofes no acuden a los más pobres, porque no tienen un GPS para encontrarlos. Sin embargo, es cierto que los países menos desarrollados son quienes tienen las consecuencias más devastadoras, porque no han tomado disposiciones y normas contra seísmos o huracanes. El terremoto no nos avisó, no tiene teléfono, e incluso hay gente que murió de pie. No han tenido tiempo ni de correr.
-¿Qué les diría a quienes sostienen que Haití tiene un mañana muy complicado?
-Haití tenía un difícil ayer y hoy es peor, pero mañana tiene que ser mejor. La reconstrucción es un desafío para todos, porque es una región del planeta la que ha recibido el terremoto. No se trata de una negligencia de nadie. Lo único parecido a una negligencia es que en 1771 no debieron dejar construir la ciudad en esta zona, aunque también es verdad que los años posteriores tampoco nadie advirtió del peligro. Lo que podíamos haber evitado es tener tanta gente en una capital, Puerto Príncipe, construida para 250.000 personas.
-En cuanto al Gobierno, ¿usted cree que podrá levantar esta situación solo o necesitará ayuda para salir adelante de forma independiente, como vaticinan algunos?
-El Gobierno existe, está funcionando, yo les mando correos electrónicos todos los días. Seguramente la oficina en la que están no es muy bonita, pero una localización física no significa necesariamente una localización institucional. Hemos perdido la mayoría de nuestros edificios, como mínimo, el 70%. Ahora, los miembros del Gobierno trabajan en una situación de dificultad, pero hay que darles aire para que respiren y puedan hacer frente al shock que han sufrido, porque muchísimos funcionarios estatales han muerto debajo de los escombros.