AGENCIAS | TEGUCIGALPA
Porfirio Lobo asumió ayer la Presidencia de Honduras, alcanzada en las urnas, en medio de una de las peores crisis políticas que ha vivido el país, desencadenada por el golpe de Estado que el pasado 28 de junio derrocó al presidente Zelaya. Lobo, que cuenta con escaso respaldo internacional, se comprometió a poner en marcha un plan de reconciliación nacional del que espera que le ayude a conseguir el reconocimiento exterior para su Gobierno.
En el marco de esta política, el Congreso de Honduras aprobó ayer mismo una amnistía política que beneficiará al depuesto Zelaya y a los militares involucrados en el golpe de Estado. La amnistía absuelve a Zelaya de delitos políticos como la supuesta violación de la Constitución al tratar de convocar una consulta y buscar la reelección, aunque no así de otros cargos como corrupción, malversación de fondos públicos y enriquecimiento ilícito.
Coincidiendo con el nombramiento de Lobo, el derrocado Zelaya abandonó la Embajada de Brasil en Tegucigalpa, donde permanecía aislado, para poner rumbo al aeropuerto de Toncontín, donde se dispuso a coger un avión para Santo Domingo. España anunció ayer que el embajador de Madrid regresará a Honduras si Lobo cumple sus compromisos de reconciliación nacional.