LUIS MUÑIZ | A CORUÑA
"No nos rendimos. No me rindo". Con estas palabras, el presidente de EEUU, Barack Obama, cerró su primer discurso del Estado de la Unión, en el que combinó retórica populista y un mensaje marcadamente económico -fijó como objetivo prioritario la creación de empleo- para intentar recuperar la iniciativa y devolver la ilusión al electorado.
"Aprovechemos para empezar de nuevo y volver a fortalecer nuestra unión", propuso Obama, consciente de que el balance de su primer año de presidencia, con más expectativas que logros y reformas mal digeridas que han diluido su popularidad, le abocan ahora a trocar el "gran cambio" prometido en cambios más modestos, pero también más perceptibles por la población.
Reformas mal digeridas o mal explicadas, pero a las que no renuncia, empezando por la del sistema de salud, ahora pendiente por la pérdida de la mayoría absoluta en el Senado tras la derrota en Massachusetts. "Acepto la parte de responsabilidad que me toca por no haberla explicado mejor", dijo ante las dos cámaras del Congreso reunidas en sesión conjunta. Pero advirtió: "No abandonamos la reforma. No ahora. No cuando estamos tan cerca".
En este punto hubo para todos. A los republicanos les previno contra el filibusterismo. "Decir que no a todo puede ser una buena estrategia a corto plazo, pero no demuestra liderazgo. Estamos aquí para servir a los ciudadanos, no a nuestras ambiciones". Y a los demócratas, sus correligionarios, les pidió que no se desmoralicen: "Seguimos teniendo la mayoría más amplia de las últimas décadas, y la gente espera que resolvamos los problemas, no que salgamos corriendo a la mínima".
Sin embargo, antes de lanzar estas críticas a uno y otro bando, Obama llamó a la unidad. "Lo que los estadounidenses esperan es que resolvamos nuestras diferencias y superemos el peso muerto de nuestra política". Y ello porque, reconoció, hay "un déficit de confianza" de los ciudadanos, "dudas profundas y corrosivas sobre la forma en la que funciona Washington".
Con todo, los asuntos económicos mandaron en un discurso que duró casi 70 minutos. Ante un paro del 10%, Obama pidió al Congreso un proyecto de ley para crear empleo, que será "el objetivo número uno en 2010". Así, propuso usar 30.000 millones de las ayudas devueltas por Wall Street para que los bancos comunitarios, que son pequeñas entidades locales, concedan más créditos a las empresas y éstas puedan hacer más contrataciones.
Además, anunció un incentivo fiscal para las empresas que aumenten sus plantillas o que eleven los salarios y rebajas tributarias para fomentar la inversión. Y se comprometió a doblar las exportaciones en cinco años, lo que aseguró que creará dos millones de empleos.
Las propuestas económicas del presidente incluyeron también la congelación parcial del gasto público, excluidas las partidas de Defensa, la seguridad, las pensiones y la Sanidad. Con ello busca ahorrar casi 250.000 millones en 10 años.
Pero esta vez no cargó contra la banca, blanco de sus críticas más acervas de los últimos días. "No estoy interesado en castigar a los bancos, estoy interesado en proteger nuestra economía", dijo.