AGENCIAS | TEHERÁN / PARÍS
Irán anunció ayer que hoy, en la central nuclear de Natanz, iniciará el proceso para enriquecer uranio al 20%, un desafío a la comunidad internacional lanzado por el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, y que se completa con otro anuncio: el régimen de los ayatolás construirá diez nuevas plantas a finales de este año o en 2011. En noviembre, Irán afirmó que construiría diez nuevas instalaciones para enriquecer uranio, pero sin especificar la fecha.
El director del Organismo iraní de la Energía Atómica, Ali Akbar Salehí, hizo ayer ambos anuncios, pero, al mismo tiempo, aseguró que su país interrumpirá la producción de combustible nuclear si llega a un acuerdo con las potencias. Se trata de "un proyecto a largo plazo", advirtió Salehí, quien aseguró que su país ya informó por carta al organismo, indicando que el proceso de enriquecimiento podrá ser visitado por los inspectores internacionales.
El anuncio se entiende como una vuelta de tuerca más al enconado pulso que mantiene con las grandes potencias y refuerza las sospechas de éstas de que, bajo su esfuerzo atómico civil, oculta un proyecto de naturaleza bélica cuyo objetivo sería obtener un arsenal nuclear.
El conflicto se agravó a finales del pasado año, después de que Teherán desestimara una propuesta de Washington, París y Moscú para enviar su uranio al 3,5% al exterior y recuperarlo tiempo después enriquecido al 20%.
Irán afirma que está a favor del referido intercambio, pero exige que se produzca en su territorio nacional y se haga de manera escalonada, condiciones que no parecen estar dispuestas a aceptar las otras naciones.
Tras meses de negociación, el presidente iraní decidió romper de nuevo la baraja al manifestar que había ordenado a los expertos de su país iniciar el controvertido proyecto, decisión que según sus palabras no significa que se haya renunciado al diálogo. Días antes, en un aparente giro de timón, señaló que su país no tenía problemas para enviar el uranio al exterior.
Esta política de ambigüedad ha logrado, en principio, frenar el consenso que trataba de gestar el presidente norteamericano, Barack Obama, para tratar de ganar el pulso a través de sanciones más severas. China, país que compra a la República Islámica un tercio del petróleo que consume, sigue considerando que las palabras del mandatario iraní dejan una puerta abierta a una solución negociada. Rusia, por su parte, duda entre sus lazos con Occidente y los importantes intereses que conserva con el país.
Sin embargo, Estados Unidos y Francia apostaron ayer por endurecer las sanciones, tanto económicas como diplomáticas.
"Lo ha rechazado todo"
Los responsables de Defensa de Washington, Robert Gates, y París, Hervé Morin, coincidieron en que el anuncio hecho por Irán echa por la borda todas las ofertas de diálogo. "Irán lo ha rechazado todo", lamentó Gates. Por su parte, Morin destacó la "total convergencia" de posiciones sobre el análisis de la situación y los pasos que hay que dar. "Tenemos que encontrar una forma pacífica de resolver esta cuestión", para lo que es necesario que toda la comunidad internacional presione unida a Teherán.
Preguntado por un posible ataque a Israel de Irán, el responsable del Pentágono respondió que "todos están interesados en que la cuestión se resuelva sin llegar a un conflicto", pero puntualizó: "Hay que afrontar la realidad".
En paralelo, Washington y la UE expresaron su temor a que el régimen iraní desate esta semana una nueva ola de represión coincidiendo con el 31º aniversario de la revolución islámica.