Centenares de violentos convierten la apertura de la Expo de Milán en una batalla campal

Once policías resultaron heridos en un combate en el que ardieron vehículos y hubo grandes destrozos - Los agentes arrestaron a una decena de manifestantes italianos

02.05.2015 | 01:58
Manifestantes bien pertrechados, junto a un coche en llamas.

Centenares de manifestantes violentos, provistos de cascos, barras de hierro, bates y máscaras antigás, se enfrentaron ayer con extrema dureza a la policía italiana en Milán, y convirtieron en una verdadera batalla campal una manifestación hasta ese momento pacífica en contra de la Exposición Universal que ayer mismo se inauguró en la capital financiera de Italia.

Al menos once policías resultaron heridos en unos choques en los que decenas de vehículos ardieron, otros tantos escaparates fueron reventados y numeroso mobiliario urbano quedó destrozado.

Una decena de manifestantes, que responden a las características de lo que suele calificarse como "antisistema", fueron detenidos. Todos ellos son de nacionalidad italiana. Las autoridades valoraban anoche la posibilidad de denunciar ante la Justicia a seis de los detenidos.

Milán había sido, desde primera hora de la tarde, escenario de una manifestación que, bajo el lema Expo: deuda, cemento y precariedad intentaba poner de manifiesto las contradicciones de este tipo de acontecimientos y que transcurrió pacíficamente.

Pero tal y como había venido alertando la policía desde hacía varios días, en la cola de la manifestación se habían integrado varios centenares de encapuchados. Los más duros fueron de inmediato asociados con lo que se conoce como Black Bloc, que de forma errónea muchas personas toman por una organización, cuando no es sino una táctica de agitación urbana que se viene empleando en todo el mundo desde finales de los años 80.

La violencia estalló cuando la protesta llegó a la vía Carducci, donde los radicales comenzaron a arrojar piedras, botellas, petardos y todo tipo de objetos a los cientos de antidisturbios que los marcaban de cerca. Estos respondieron con cañones de agua y luego lanzaron gases lacrimógenos que provocaron la dispersión de los manifestantes, pero no pusieron fuera de combate a los violentos, ya que muchos iban pertrechados con máscaras.

Entonces Milán se convirtió en un improvisado campo de batalla. Las televisiones difundieron imágenes de macetas y contenedores volcados, muros pintados con símbolos anarquistas, ventanas y escaparates reventados y coches envueltos en llamas. Los manifestantes lograron aproximarse a la estación ferroviaria de Cadorna, en los aledaños del Castillo Sforza, pero los agentes lograron blindar sus accesos.

En total, el combate duró poco más de hora y media y a su término se pudo ver sobre la calzada un sinfín de prendas de vestir negras, de las que los violentos se desprendieron para pasar desapercibidos entre el gentío al escapar. También quedaron sobre el asfalto escudos, picos caseros y cócteles molotov.

El alcalde milanés, Giuliano Pisapia, llamó a la Policía a "aislar, identificar y castigar a estos delincuentes que están devastando la ciudad". Al haber previsto los disturbios, Interior decidió aumentar el número de efectivos policiales en la ciudad, que habitualmente cuenta con 4.500 agentes, sin por ello impedir el estallido.

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