Un pueblo acostumbrado a la solidaridad desde hace más de dos décadas

04.09.2015 | 02:08

Mientras España vivía un momento de esplendor con la Expo Universal de Sevilla o las Olimpiadas de Barcelona, en la otra esquina de Europa un pueblo, al que antaño unía una frontera, se desangraba en un conflicto bélico que volvía a vecinos contra vecinos: la guerra de los Balcanes. Las disputas que se iniciaron en 1991 y que acabaron por desgarrar el mapa de la que había sido Yugoslavia también provocaron que centenares de personas dejaran el país para huir de las masacres y buscar una nueva oportunidad.

El Gobierno español se comprometió a finales de 1992, un año después del inicio de las hostilidades, a acoger a un millar de refugiados. La comunidad gallega mostró su buena predisposición también entonces y se hizo cargo de 160 bosnios que se repartieron entre Pontevedra, A Coruña y Ourense -que acogió a un centenar en O Carballiño-.

Galicia, por tanto, no sería primeriza en eso de acoger refugiados. Además, las familias de la comunidad no han dejado de incorporar méritos a su currículum solidario. Lo demuestra con quienes habitan dentro de sus fronteras, con la elevada inscripción de los gallegos en los programas de acogimiento familiar para colaborar en dar un hogar normalizado a niños que acaban tutelados por la Xunta, a pesar de que la crisis haya incidido en el bolsillo de todos los hogares, pero también con aquellos que vienen de fuera.

La prueba es que el programa Vacaciones en paz, que trae a España cada año, desde 1991, a miles de niños saharauis, siempre obtiene una buena respuesta en Galicia, sobre todo en la provincia de Pontevedra. Hace solo unos días se marchaban los 407 menores que pudieron disfrutar este verano de la calidez de las familias de acogida, pero a temperaturas más llevaderas que las del desierto que los ve crecer.

Y no son los únicos. A Galicia llegan también los niños de Chernobyl, un desastre humanitario de proporciones épicas que devastó la región en 1986, desde que dos familias del rural ourensano auspiciaran un programa de acogida que se consolidó y que permite a medio centenar de niños y adolescentes, muchos de ellos repetidores, mantenerse un tiempo en un entorno saludable.

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