Avalancha de refugiados en Europa Análisis del conflicto desde Turquía, Hungría y Alemania

Visión gallega en el corazón de la huida

Gallegos residentes en los principales focos del drama sirio narran su experiencia - "Turquía es una bomba de relojería a punto de estallar", apunta el coruñés Enrique Pinto

05.09.2015 | 01:39

Entre los gallegos emigrados por todo el mundo se encuentran José Ramos y Sara Alfaro, que durante este año vivirán en Budapest con una beca Erasmus. Alfaro, recién mudada a la capital húngara, reside en un céntrico piso en la plaza de Nyugati, donde se encuentra la estación ferroviaria de Keleti, actualmente campamento improvisado del éxodo sirio a la espera de poder viajar a Alemania. Ramos, por su parte, aún se encuentra en España, pero comenta la situación con algunos compatriotas que ya se encuentran en la capital húngara. "Los españoles que ya llegaron dicen que es horrible", comenta el coruñés

Turquía es un país que funcionó a largo de la historia como la puerta entre Oriente y Occidente. Este umbral es la sepación física de Siria y Europa, la primera parada de los refugiados que cruzan la frontera y, por lo tanto, la conexión inicial dentro de su peregrinación hacia Alemania y Austria. Los que buscan asilo cruzan la frontera desde Siria por el sur de Turquía y desde allí, atraviesan todo el país para llegar a Estambul.

Enrique Pinto es un coruñés que vive en Estambul desde hace cuatro años y que actualmente está casado con una mujer turca. Cuando se le pregunta por el periplo de los refugiados sirios comenta: "Noté que en las calles hay muchísimos sirios. Se les ve pidiendo". También compara la situación con unos años atrás, cuando ver a un sirio mendigando era un hecho anecdótico. Hace poco, unos amigos acudieron a su boda celebrada en Turquía y se quedaron muy impactados al ver a todos los miembros de una familia, desde los más pequeños a los más mayores, viviendo en la calle y pidiendo dinero. Según explica Pinto, "el tema sale en los medios del país a diario" y domina las conversaciones de los locales: "En parte, se percibe que la gente está molesta. Sienten que una masa les invade". Así, explica que el país en sí es una frontera, "una bomba de relojería a punto de estallar con 3 millones de refugiados en el sur, pero que al mismo tiempo recibe a un importante turismo de lujo de origen árabe molesto con la situación".

La situación de Pablo Campos es muy diferente a la de Pinto. Él es un estudiante a punto de marcharse a estudiar a Estambul, durante el primer año en el que la USC contempla convenios con la ciudad. Por ello, su visión sobre la causa siria en la capital turca se aproxima más a la incertidumbre y a la expectación. De este modo, el estudiante de periodismo explica que mantiene contacto directo con estudiantes que ya han llegado y que las perspectivas que le trasladan son las de una enorme ciudad muy occidentalizada y alejada de conflictos.

Hungría es el segundo destino de los refugiados y única puerta de entrada a la UE, por lo que se ha convertido en el núcleo del éxodo sirio. La estación de Keleti en Budapest es el campamento improvisado donde miles de personas viven bloqueadas entre la huida y el destino, al que se les impide entrar. Esta terminal ferroviaria que en un tiempo fue un reclamo turístico para recién llegados, hoy es el retrato sangrante de los damnificados por conflictos bélicos.

En cinco días José Ramos, estudiante de Derecho y ADE, emprenderá su camino con una beca Erasmus rumbo a Budapest. Desde hace unas semanas, él y casi un centenar de españoles hablan por medio de un grupo de Whatsapp compartido por los que ya han llegado y por otros que como José, aún están por instalarse. El estudiante coruñés cuenta que de esta forma está enterado de todo lo que ocurre: "La gente española que ya llegó dice que es horrible. Un amigo que coge el tren a diario me contó que tienes que llevar el pasaporte encima porque te lo piden continuamente". Ramos explica que se han habilitado unos edificios en los alrededores de la estación para que los refugiados se aseen, pero que se detienen allí el mínimo tiempo posible porque tienen miedo a no poder permanecer en la estación, esperando un milagro.

La viguesa Sara Alfaro, en cambio, acaba de instalarse allí, en Budapest. Ya tenía un piso alquilado en la plaza de Nyugati cuando la corriente de refugiados acampó en la estación. Antes de llegar, condicionada por las noticias que le llegaban informando de los altercados en su lugar de destino, barajó la opción de alquilar un apartamento en otro lugar. Finalmente decidió quedarse en un piso desde el que a diario puede ver las escenas que hoy conmueven al mundo. Comenta que le sorprendió ver los pasatiempos de los niños y la calma de las familias sonriendo: "El ambiente es muy tranquilo y pacífico, sin altercados, pero muy triste". Cada día, ella y su compañera tienen que atravesar el campamento para ir a hacer la compra. Al volver con las bolsas cargadas, notan las miradas de los niños sirios que juegan por la zona. Sobre ello, comenta: "No están mendigando, pero yo me muero de vergüenza, me sobrecogen sus miradas". Alfaro retrata una escena en la que los policías custodian la puerta de la estación y en la que las manifestaciones se suceden continuamente, rodeadas por las cámaras de los medios de comunicación.

El único momento de tensión que la gallega observó se produjo cuando una furgoneta llegó al campamento para repartir almohadas: "Los refugiados se peleaban por ellas gritando que por favor les dieran una".

Mientras, en la meta, Alemania, el conflicto se expresa de dos maneras muy diferentes. El coruñés Hugo Sauto, residente en Berlín, percibe mucho apoyo con manifestacines plagadas de pegatinas y pancartas en las que se lee: "Welcome Refugees";pero al mismo tiempo observa los movimientos neonazis convocando contramanifestaciones o incendiando albergues en proceso de acondicionamiento para recibir exiliados.

Por su parte, la buenense Mandy Cruse Gil, que desde primaria está en contacto con personas en busca de asilo, describe un ambiente muy diverso: desde personas dispuestas a ayudar a otras con actitudes de rechazo xenófobo, pero destaca que predomina el activismo y la implicación ciudadana.




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