Meri Suárez Entrenadora del Club Dobok de Taekwondo

"Solo pensaba que media hora antes habíamos estado en esa zona"

15.11.2015 | 01:53
Meri Suárez, junto a su hija Sara, en una competición.

Meri Suárez y su hija Sara García llegaron a París el viernes por la mañana, ya que la joven de 18 años participaba en el Open Internacional de Taekwondo, que finalmente no se celebró. Después del pesaje previo a la competición, ambas se dirigieron a la zona centro de la capital francesa para pasar la tarde y disfrutar del ambiente. "Había muchísima gente", comenta Meri. Pero decidieron retirarse "pronto" para descansar y afrontar con energías la prueba internacional. "Llegamos al hotel sobre las 21.00 horas y poco después un amigo me escribió un mensaje preguntándome qué había pasado. Al momento puse la televisión y ya nos enteramos", relata la coruñesa.

Aunque al principio "solo se hablaba de una explosión cerca del estadio", las informaciones fueron cambiando a medida que pasaban los minutos: "Primero decían que eran 10 muertos y en cuestión de horas ya eran 100". Madre e hija estaban "nerviosas y asustadas", aunque rápidamente se les proporcionó un número de teléfono de la embajada por si tenían algún problema. "Yo solo pensaba que 30 minutos antes habíamos estado por esa zona. Es un alivio pero te asusta verlo tan cerca", confiesa.

Desde la habitación de hotel, anbas escucharon "sirenas y helicópteros". "Se notaba tensión", dice Meri, entrenadora de su hija en el Club Dobok de Oleiros. Desde España recibieron mensajes de familiares y amigos, y entraron en Facebook para avisar a todos de que estaban bien. Intuían que la prueba de taekwondo no se celebraría y a las 07.30 horas de ayer fueron informadas por la organización de su suspensión. "En el hotel estaban muchos deportistas de diferentes naciones y nadie se atrevió a salir a la calle hasta la hora de comer", declara. Por la tarde, la situación cambió: "Paseamos y nos acercamos al centro pero había muy poca gente". Hoy a las 13.00 horas cogerán el avión de vuelta a casa. "No nos planteamos cambiarlo porque habría que hacer escala y sería mucho tiempo perdido. Así vamos directas a Santiago", informa la madre de Sara, que cree que "no habrá problemas para volar" porque ahora "solo queda el dolor".

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