Ola de atentados sin precedentes en la capital francesa Las claves

Catorce años de terror

16.11.2015 | 00:55

La guerra contra Occidente iniciada hace poco más de 14 años por el yihadismo con los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York continúa con otros protagonistas y otros medios, pero el mismo espíritu que definió el 1991 el ideólogo de la "yihad global" Mustafá Setmarian -presunto autor, en 1985, de la masacre en el restaurante El Descanso de Madrid, que dejó 18 muertos y 84 heridos-, y que se resume en la frase: "El terrorismo es un deber; el asesinato, una regla. Toda la juventud musulmana debería convertirse en terrorista".

El propio Setmarian, en 2004 (en su "Llamada a la resistencia islámica global") estableció las líneas de la siguiente fase de la guerra a Occidente: un "terrorismo diseñado y ejecutado por individuos o pequeños grupos autónomos, que desmoralicen al enemigo y preparen el terreno para los frentes abiertos".

Al-Qaeda, responsable de aquel primer gran atentado en Nueva York, que dejó más de 3.000 muertos y 6.000 heridos -y que movió a los norteamericanos a invadir primero Afganistán, en 2001, y luego Irak, en 2003-, ha dado paso a grupos e incluso individuos aislados de adscripción menos clara, hasta llegar a la cadena de atentados del viernes, reivindicados por el Estado Islámico. Entremedias, casi 3.700 muertos y 9.000 heridos.

Ese vínculo menos claro ya se evidenció en la segunda gran masacre del yihadismo, la cometida en los locales nocturnos del distrito de Kuta, en la isla indonesia de Bali, que costó la vida a 202 personas, sobre todo turistas occidentales. Las sospechas recayeron en la Jemaah Islamiya, a la que se vincula con Al-Qaeda. Bin Laden reivindicó el atentado unos días después.

La siguiente gran masacre en suelo occidental fueron los atentados de los trenes de Madrid, el 11 de marzo de 2004. El investigador del Instituto Elcano Fernando Reinares lo atribuye a la conjunción de los restos de la célula de Al-Qaeda en España -creada por Setmarian y desmantelada por el juez Garzón- y un grupo de islamistas marroquíes rescatados para la causa desde ambientes delictivos, quienes aprovecharon esos contactos con el submundo de la droga para comprar los explosivos al exminero asturiano José Emilio Suárez Trashorras.

Ese aspecto difuso se advierte más abiertamente en el atentado que golpeó el sistema de comunicaciones de Londres el 7 de julio de 2005. Los autores formaban una célula local de Al-Qaeda, pero se duda que recibiesen órdenes directas de la organización.

Los atentados de Bombay, en 2008, supusieron un nuevo cambio. Quince miembros de los Muyahidines del Decán aterrorizaron la ciudad armados con kalashnikovs y granadas, en una táctica muy similar a la de los últimos ataques de Francia.

El pasado enero, los hermanos Kouachi atacaron el semanario satírico Charlie Hebdo, en venganza por sus caricaturas del Islam. Con solo unos kalashnikovs sembraron el terror. Igual que hizo dos días después el maliense Amedy Coulibaly, que irrumpió en un comercio regentado por judíos y causó una masacre. La teoría de los lobos solitarios, concebida anos antes por Mustafá Setmarian, se hacía una realidad.

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