La esperanza de Texas

Clinton y Cruz ansían que las primarias lleguen al estado por el alto reparto de delegados y porque son favoritos por sus éxitos del pasado

14.02.2016 | 01:12
Hillary Clinton.

Hillary Clinton y Ted Cruz sueñan con que las primarias presidenciales lleguen a Texas, un estado en el que ambos son claros favoritos y en el que se reparten tantos delegados como en los estados de Iowa, Nuevo Hampshire y Carolina del Sur juntos. Se trata del botín más preciado del supermartes electoral en Estados Unidos.

Cruz juega en casa y, tras ser sorprendente ganador en Iowa y tercero en Nuevo Hampshire, ha activado la maquinaria electoral que en 2012 lo llevó de Texas al Senado y con la que aspira a terminar el supermartes, cuando están en juego una decena de estados, como el único aspirante republicano capaz de batir al magnate Donald Trump.

El aparato del partido está con él: lo apoyan la mitad de los congresistas estatales y se espera que el actual gobernador, Greg Abbott, también lo respalde antes de la cita con las urnas del 1 de marzo. "Estoy convencido de que ganaremos en Texas. La pregunta es, ¿por cuánto?", expresó el vicegobernador, Dan Patrick, cercano, como Cruz, al ultraconservador Tea Party.

En la contienda republicana de Texas se reparten 155 delegados, 108 de los cuales irán a los ganadores de pequeños distritos y el resto proporcionales al resultado estatal, por lo que un ganador claro puede salir doblemente reforzado.

De Jeb Bush, el otro texano en la contienda, se esperaba mucho y gracias a ello recaudó gran parte de su dinero de campaña entre los empresarios de Houston, pero su realidad en Texas y en el resto del país es que no levanta pasiones como sí lo hacen Trump y Cruz.

Aunque no hay nada que los texanos consideren más repulsivo que ser de Nueva York, Clinton (Nueva York, 1947) en cierto sentido juega también en casa.

La exprimera dama se adentró en la política precisamente en Texas durante la campaña presidencial de 1972. Ella y su marido, el futuro presidente Bill Clinton, recorrieron parte del estado, puerta a puerta, registrando electores y tratando de convencerlos para que votaran por George McGovern y no por Richard Nixon. Además, Clinton tiene una conexión especial con los latinos -cerca de un 40% del estado-, que la llaman La Hillary.

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