Cameron en Camelot

22.02.2016 | 00:51
Cameron en Camelot

El premier británico acaba de escribir su primera leyenda artúrica con un "paseo militar" (como antes se designaba lo facilón) por las instituciones europeas. Regresa a Camelot, el país de la splendid isolation, la libra esterlina, el mayor paraíso fiscal del mundo (llamado "la City"), la circulación rodada por la izquierda y el sistema métrico propio, para ofrecer triunfos que socavan algunos de los principios fundamentales de la Unión. No es Westminster comparable a la tabla redonda y sus doce caballeros, pero el referéndum de continuidad en Europa parece garantizado a pesar del pico de oro de Nigel Farrage (UKIP) y demás euroescépticos. Los partidarios de la separación aumentaron estratégicamente en las últimas encuestas, como queriendo asustar a los popes continentales y predisponerlos al trágala. Arturo es vencedor de una guerra psicológica bien urdida.

Lo que muchos se preguntan es qué gana Londres con proseguir en la UE, en cuyos orígenes históricos no estuvo, siendo tantas las excepciones impuestas desde el principio y respetadas en la constitución comunitaria, a las que ahora se añaden otras no contempladas. Cameron puede seguir mirando por encima del hombro a los burócratas del consejo, la comisión y el parlamento europeos, pero también a los jefes de estado y primeros ministros que acaban de ceder a sus exigencias, casi todos de mala gana. Mucho más enigmático es el miedo de la Unión a perder un miembro tan restrictivo, condicional y escurridizo como el Reino Unido, que restringe a voluntad ciertos derechos básicos de los ciudadanos europeos. ¿Es aceptable la desunión política añadida a la desunión monetaria?

David Cameron no ha dudado en reiterar que su país no estará nunca en la unidad política ni en el euro. En sus palabras, los británicos tienen ahora "lo mejor de estar dentro y de estar fuera". Es curioso que Merkel respalde tan resueltamente esas posiciones pasando de Francia, su principal aliado, y de otros países de la UE, cuando Alemania es de hecho el gendarme de los cumplimientos comunitarios, sobre todo en problemas de déficit y rebajas sociales. Londres blinda el nivel de vida y la mínima cuota de paro de la población británica después del austericidio infligido a otros y la amenaza de expulsión de Grecia. Si la desigualdad económica va a ser también política, el ideal europeo tiene los días contados. ¿Cómo negar a otros socios lo mejor de adentro y de afuera? Incluso en Camelot, nadie es más ni es menos que nadie.

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