Cuando las pitonisas no se van al paro

03.03.2016 | 03:33
Cuando las pitonisas no se van al paro

Las pitonisas pueden seguir con el chiringo abierto unas cuantas semanas, porque el Supermartes no dijo la última palabra. Tanto en el bando republicano como en el demócrata, aunque menos entre los del burro, sigue quedando partido por delante. Por supuesto, las jugadas más disputadas están en el campo del elefante, donde Trump, que tras coquetear con el Ku Klux Klan (KKK) tiene más en contra que nunca al aparato republicano, ganó sin darse, ni mucho menos, un paseo y no logró rematar, ni de lejos, al texano Cruz. Entre los demócratas, el socialista a la escandinava Sanders dio más guerra de la prevista a una Clinton que si no contara con un apabullante respaldo orgánico no habría subido al marcador ese escandaloso 1.033 a 408 que ostenta sino un mucho más humilde 576-386. Pero las reglas dicen que a la convención demócrata de julio irán 712 superdelegados (jerarcas demócratas no elegidos en primarias) y de los 479 que ya se han pronunciado, 457 lo han hecho por la exprimera dama.

Los demócratas se medían en once estados y un territorio (la lejana Samoa, en las islas Cook, de la que ayer no se tenían noticias). Clinton, montada en su acento de Yale, aspiraba a machacar y dejar a Sanders reducido a una victoria de escándalo (86,1%) en su feudo de Vermont. Pero el senador de 74 años, que está aprovechando la campaña para explicar a los estadounidenses su "revolución política", se resistió con coraje y se impuso también en la Minnesota natal de Bob Dylan (por goleada), en Oklahoma y en Colorado, donde le endosó casi 20 puntos a su rival. Por suerte para Clinton, los demócratas atribuyeron todos sus delegados a la proporcional, lo que le evitó en esos predios un sonrojante parcial de 197-0 que, a falta de asignar 12 delegados, se quedaba anoche en un 117-68. En todo caso, Sanders acumula ya cinco victorias en las quince elecciones disputadas y el martes logró un dignísimo 486-321, a falta de dirimir 71 compromisarios.

Trump llegó al Supermartes penalizado por un furibundo tirón de orejas del presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, que no quiere bromas con el KKK. Además, un tribunal de Nueva York le pisó el empeine al admitir a trámite una querella por una de sus innumerables chapuzas empresariales: el fraude de la fantasmática Universidad Trump, con la que estafó millones de dólares a más de 5.000 personas.

Pese a esas credenciales, el trueno zanahoria se impuso en siete de los once Estados que abrieron y cerraron urnas (Colorado y Wyoming no concluirán hasta abril el proceso iniciado el martes). Fue uno menos de lo que esperaba, ya que Cruz, además de su feudo de Texas, le arrebató Oklahoma y Alaska, y Rubio consiguió al fin una victoria (Minnesota), insuficiente para recortarle distancias a Cruz, que se consolida como segundo. Además, en Vermont el impulsor del Muro ganó en votos pero empató a delegados con el gobernador de Ohio, John Kasich, quien junto al neurocirujano Ben Carson completa el quinteto de los republicanos en liza.

Sin embargo, las elecciones no se cuentan en victorias sino en delegados. El Supermartes republicano, disputado a la proporcional, repartió 595 y, anoche, con 40 por atribuir, Trump se había llevado 234, por 209 de Cruz y 90 de Rubio. Un margen mucho más estrecho que el anunciado por los grandes titulares.

Sobre todo si se tiene en cuenta que tarde o temprano se unirán los delegados de Rubio y Cruz. Y que el día 15 se ventilan cinco Estados, que reparten 358 delegados. Cuatro de ellos, además -Florida, Illinois, Misuri y Ohio-, lo hacen por el demoledor sistema de "el que gana se lo lleva".

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