Y con el mazo dando

09.03.2016 | 01:15
Y con el mazo dando

El vergonzoso silencio ante los ataques a la libertad de prensa en Turquía aparece hoy como el más oneroso de los peajes que la UE está dispuesta a pagar para que Turquía frene la oleada de refugiados e inmigrantes económicos que desde septiembre rompe sobre Europa con aceleración tendente a infinito. De hecho, el principio de acuerdo alcanzado el lunes entre la UE y Ankara resulta tan llamativo por lo que concede callando como por lo que otorga afirmando.

Sobre el papel, las dos partes han convenido que una vez firmado el pacto, que debería cerrarse la semana próxima, toda persona llegada en condiciones irregulares a territorio comunitario -léase Grecia, léase refugiados de guerra sirios incluidos- sea devuelta a Turquía. Las contrapartidas explícitas parecen más o menos claras: acogidas, dinero, visados y negociación de ingreso.

Por cada refugiado sirio devuelto a Turquía, la UE se compromete a acoger a uno de los 2,5 millones que acampan en sus tierras. Además, para ayudar al mantenimiento de los que se queden allí, los 28 se darán prisa en desbloquear los 3.000 millones de euros prometidos en noviembre y estudiarán la concesión de los 3.000 millones adicionales exigidos por Turquía el lunes. Por otra parte, la supresión de los visados exigidos a los ciudadanos turcos para entrar en la UE, prevista para septiembre, se adelantará a junio y las negociaciones de ingreso en la UE se agilizarán.

Las contrapartidas silentes son, sin embargo, clamorosas: la UE dejó el lunes sin abordar el punto de la agenda relativo a los ataques a la libertad de prensa, pese a los recordatorios que al respecto hicieron Italia y Bélgica. Silencio sobre libertades y, precisamente, en la misma sesión en la que se prometió acelerar el ingreso turco y en la que se dio por sentado que Turquía es un "país seguro", condición necesaria para repatriarle a refugiados.

Por supuesto, el presidente turco, el islamista autoritario Erdogan, ya contaba con esa omisión cuando el viernes decidió intervenir manu militari la redacción del diario estambulí Zaman. Con su millón de ejemplares diarios, sus ediciones en once países y su distribución en un total de 35, Zaman es el primer rotativo turco.

El diario, cuya toma se hizo al precio de duras cargas policiales, no es el único que denuncia la restricción progresiva de libertades y la islamización forzada de las costumbres en las que está embarcado Erdogan y que generaron el estallido popular de 2013. Pero sí es el buque insignia de la flota con la que le amenaza el teólogo moderado Fethullah Gülen. Exiliado en EEUU, Gülen fue aliado de Erdogan desde su llegada al poder en 2002 hasta que la deriva autoritaria del presidente entró en conflicto con sus propios intereses. Desde hace años, ambos hombres libran una guerra a muerte en la que Erdogan acusa a Gülen de un permanente intento de golpe de Estado a través de sus tentáculos en la judicatura y el Ejército.

Si algo ha dejado claro el antiguo futbolista Erdogan en su carrera como empresario y político es su condición de fino estratega. El viernes la honró una vez más y, aprovechando que ahora mismo tiene en sus manos a la UE, asestó un doloroso golpe a Gülen, que completó el lunes interviniendo la agencia de noticias Cihan, otro puntal del teólogo opositor.

La respuesta de la alicaída UE fue doble: el ominoso silencio y esa promesa de acelerar las negociaciones de ingreso de Turquía, que, eso sí, tiene visos de cortina de humo para ganar tiempo. Visto, pues, el rendimiento que le saca Erdogan al drama de los refugiados cabe temer que a la función le queden aún muchas escenas antes de que concluya el quinto acto.

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