El inicio de la retirada parcial rusa marca el quinto aniversario de la guerra civil siria

Manifestaciones contra Asad en áreas opositoras - Los rebeldes, dispuestos a negociar directamente con el régimen

16.03.2016 | 02:07
Manifestación opositora en el casco viejo de la ciudad siria de Alepo.

El mundo conmemoró ayer el quinto aniversario del inicio de la guerra civil siria -un conflicto que ha causado entre 275.000 y 500.000 muertos-, en un ambiente marcado por el mantenimiento de la tregua establecida el pasado 27 de febrero, el arranque el lunes de las negociaciones de paz de Ginebra y los primeros pasos, ayer mismo, del repliegue parcial del contingente aéreo ruso.

Varias manifestaciones se produjeron en distintas áreas sirias bajo control opositor. Los participantes pidieron libertad y la caída del régimen de Bachar al Asad, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

Las marchas se desarrollaron en áreas rebeldes de la ciudad de Alepo, la mayor del norte del país, así como en el pueblo de Sayu, en la misma provincia y próximo a la frontera con Turquía. También hubo protestas en las localidades de Saraqeb y Maarat al Nuaman, en la provincia de Idleb. En esta última ciudad hubo varios heridos después de que milicianos del Frente al Nusra, filial siria de Al Qaeda, abrieran fuego contra los manifestantes, que portaban banderas de la revolución siria y de la insurgente División 13, entranada por EEUU.

El quinto aniversario del comienzo de la contienda coincidió con el inicio de la retirada por parte de Rusia, aliada del Gobierno de Damasco, del grueso de las fuerzas aéreas que desplegó en septiembre pasado en la base siria de Hamimim, en la provincia costera de Latakia. Tal y como ordenó el lunes Vladimir Putin el primer grupo de aviones regresó ayer a Rusia.

La medida ha sido acogida con cautela por las potencias occidentale. El jefe de gabinete de la Presidencia rusa, Serguéi Ivanov, advirtió que el repliegue no significa que Rusia vaya a disminuir la intensidad de su lucha contra el terrorismo en el país árabe. La retirada parcial rusa ha sido interpretada como un signo de que Moscú ha conseguido robustecer al régimen de Asad, así como un gesto hacia las negociaciones de Ginebra y una señal al propio Asad para que se muestre dialogante.

En Ginebra, los representantes de la oposición que participan en las negociaciones de paz anunciaron que están dispuestos a mantener conversaciones directas con Damasco. La delegación opositora anunció también la presentación de un documento de doce puntos que, desde su perspectiva, deben figurar en la agenda negociadora.

La conmemoración del quinto aniversario del inicio de la guerra civil siria propició ayer uno de esos ejercicios de desmemoria a los que tan aficionados son los Gobiernos y que con tanta eficacia reproducen los medios.

El nublado empieza ya por la fecha conmemorada. Para el 15 de marzo de 2011, Siria, pese a su lentitud en sumarse a las revueltas árabes, ya había vivido pequeñas jornadas de protesta, alentadas desde fuera y reprimidas con dureza por la policía baasista. En el exterior, ya habían caído los dictadores tunecino y egipcio, y en Libia se intensificaba la insurrección y la represión gadafista.

Fue la espiral libia la que propició dos líneas de acción que habrían de resultar determinantes para el estallido del conflicto sirio. En la propia Siria, la represión gadafista hizo de combustible para que las pequeñas protestas se extendieran y llegaran a la capital, Damasco, el martes 15 de marzo. Sin embargo, no alcanzaron su masa crítica hasta el viernes de esa semana, 18 de marzo.

Como por azar, o no, entró entonces en juego una línea de acción exterior. La víspera de la primera explosión siria relevante, o sea el 17 de marzo, la ONU había aprobado la resolución 1973 que, so capa de establecer una zona de exclusión aérea sobre Libia, daba vía libre a Francia y Reino Unido, respaldados por EEUU, para atacar por aire al régimen de Gadafi. Se iniciaba así un conflicto que, dada la debilidad de los opositores libios, se prolongó hasta que el 20 de octubre fue linchado Gadafi. Después, el país entró en una descomposición de la que no sale.

EEUU, y sus aliados en el ataque a Libia, intentaron reproducir el mismo esquema en Siria. La idea era sencilla: al calor de las revueltas árabes, a cuya ignición esas potencias no fueron ajenas, y en la hiperpolicial Siria menos que en ningún otro lugar, Washington se desharía de dos de sus grandes bestias negras: Gadafi y el régimen de Asad.

Sin embargo, Rusia, que había cedido en Libia, se negó a hacerlo en Siria, núcleo duro de su patio trasero. Así desapareció la posibilidad de una derrota rápida de Asad mediante ataques aéreos masivos. Pero el conflicto ya estaba lanzado y degeneró en una compleja guerra de alianzas en cuyo balance parcial figuran 275.000 muertos, el Estado Islámico -de cuyo auge son responsables desde Asad hasta EEUU, pasando por Turquía y las petromonarquías - y, como pináculo, la nada inocente ola de refugiados sobre Europa. Todo por un mazazo fallido que ayer no se recordó.

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