Listas

24.03.2016 | 01:07
Listas

Con total desfachatez, y en presencia de Barack Obama, el dictador cubano retó el lunes a un periodista a facilitarle una lista de presos políticos, cuya existencia en la isla negó. Raúl Castro preguntó al informador: "¿Qué presos políticos?". "Dame la lista ahora mismo para soltarlos", exigió. "Si hay presos políticos, antes de que llegue la noche estarán sueltos".

Castro tiene para elegir. La Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) anunció que puede proporcionarle "una lista verificada de 47 presos políticos", cuya liberación incondicional dijo que esperaba para esa misma noche, dada la alta disponibilidad del dictador a la suelta de reos de conciencia.

Y, si no le gusta, puede tomar en consideración la del Directorio Democrático Cubano, que eleva la cifra a 52. O hacer caso al portavoz del Departamento de Estado de EE UU, John Kirby, quien, aun reconociendo que su país igual no dispone de una lista "exhaustiva", corrigió al decrépito revolucionario: "Claramente, aún hay personas detenidas por razones políticas" en Cuba.

Castro arguyó que facilitar educación y sanidad a todo un pueblo también es respetar los Derechos Humanos. Y quizá tenga razón, pero el arresto de medio centenar de damas de blanco el mismo día de la llegada de Obama a la isla, el pasado domingo, demuestra que disentir en Cuba sigue siendo imposible.

Puede que los Castro no sean dictadores sin más, como lo fue Pinochet. Y puede, también, que no haya más razones para no mantener una relación diplomática normal con Cuba que con China, que también es una dictadura comunista. Salvo, quizá, lo poderoso que es el gigante asiático, al que la pobre -en sentido literal- república azucarera no llegará nunca a hacer sombra como amenaza para la superpotencia estadounidense.

El martes, Obama aconsejó a Castro no temer a "las voces diferentes". Ya que está tan comprometido "con la soberanía y la autodeterminación" del pueblo cubano, sugirió, debería fomentarlas y dejar que se expresaran en unas elecciones libres y democráticas. O sea, con garantías de que no serán represaliadas por pensar diferente.

Pero el martes sólo se despidió de la isla con llamadas a la reconciliación y a la apertura. ¿Y por qué no también a tener un poco menos de cara?

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