La cúpula roja se desploma

05.05.2016 | 01:01

El abandono de Cruz y Kasich obliga a los jerarcas republicanos a mirar a Trump con buena cara.

Se acabó la pesadilla. Hasta ayer, el magnate Donald Trump era el ogro malo que convertía las horas de sueño de los jerarcas republicanos en un insoportable martirio poblado de esquinas oscuras y despeñaderos insondables. Desde ayer, el hasta ahora intruso Donald Trump es, salvo catástrofe, el nominado in pectore de los elefantes para intentar el asalto a la Casa Blanca en noviembre. El presidente del Comité Nacional Demócrata lo ha refrendado en un escueto tuit en el que llama a restañar las heridas, unirse y entender que el enemigo no es el denostador de latinos, negros, mujeres y musulmanes sino la exsecretaria de Estado, exsenadora y exprimera dama, Hillary Clinton. La cúpula de los elefantes ha sido derrotada por una manada que exige nuevos pastos.

La retirada del ultra Ted Cruz, el mal menor que apuntalaba a la cúpula hasta su desplome, precipitó horas después la del gobernador de Ohio, John Kasich, en quien muchos veían el tapado del aparato. La doble baja ha sido la consecuencia del fracaso de la última intentona del Viejo Gran Partido para cerrarle el paso a Trump. La idea, desesperada y con pocos precedentes en las primarias, era un pacto por el que el moderado Kasich no haría campaña en Indiana, donde Cruz iba mejor en las encuestas. A cambio, el senador por Texas le devolvería la moneda el próximo 7 de junio en Oregón y Nuevo México, donde los augurios pintaban mejor para Kasich. El único problema radicaba en que en los tres Estados era Trump quien aparecía como líder de los sondeos. Y era un problema muy serio, como se ha visto en Indiana, donde, pese al ostracismo de Kasich, Trump le ha sacado una ventaja de 16,6 puntos a Cruz.

Con la salida del campo de sus dos rivales se ha disipado la esperanza de que Trump se quedase a las puertas de la mayoría absoluta y se pudiese forzar una convención abierta en la que los marcadores se pusieran a cero, todo fuera negociable y se suscitase una nueva mayoría en torno a Kasich u otro tapado. El magnate cuenta ya con 1.047 de los 1.237 delegados necesarios y, sin adversarios sobre el terreno, las nueve citas previstas hasta el siete de junio serán testimoniales.

De modo que, en adelante, los rojos alfa tendrán que cambiar de norte. Para lograrlo, les bastará con dedicar a dos tareas una parte de la energía y el dinero que hasta ahora empleaban en combatir a Trump: asumir que el neoyorquino es uno de los suyos y, con la frente ya despejada de rencores, negociar las líneas de colaboración para cerrarle el camino del Despacho Oval a una Clinton que ve cómo se recorta su ventaja sobre el presidenciable republicano: si el 23 de marzo la distancia era en promedio de 11,4 puntos, ayer había bajado a 6,2, cerca ya del empate técnico. El resto de su energía y su dinero pueden asignarlo los mandamases republicanos a reponerse de los sustos que por el camino les vaya dando el magnate.

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