Sobresaltados en cada 'sorpasso'

24.05.2016 | 05:10
Sobresaltados en cada 'sorpasso'

La triste deriva hacia la nada en la que se ha sumido la Unión Europea está convirtiendo las citas con las urnas en una suerte de concurso de saltos que dispara por encima de lo razonable el pulso cardiaco de los dirigentes comunitarios. Se trata de ir librando los obstáculos uno a uno. Como sea. Vale contener el aliento, cruzar los dedos, hacerle ofrendas a Santa Rita cuando el panorama se presenta imposible o llevarle huevos a Santa Clara si amenaza chaparrón.

El domingo fue Austria, el 23 de junio será el Brexit, tres días después llegará nuestro 26-J y, así, de hito en hito, hasta que el año que viene se diriman dos batallas cruciales. En mayo, la presidencial francesa, con las huestes del Frente Nacional llamando a las puertas del Elíseo. En algún momento entre finales de agosto y finales de octubre, las legislativas alemanas, con los xenófobos de la rampante AfD consolidados como tercera fuerza y dispuestos a complicar al máximo el juego de las coaliciones de colores.

La clave de los sobresaltos que amenazan la salud de las cúpulas comunitarias es siempre la misma: el riesgo de sorpasso, que, según las características de cada país, puede presentar dos variantes: sorpasso por la derecha o sorpasso por la izquierda. Pero el sorpasso no es más que el síntoma de un mal con nombre bastante más feo: gangrena. La gangrena de las vías políticas centrales por las que venía discurriendo la política de los países comunitarios desde la firma del Tratado de Roma hace ya casi sesenta años.

Tómese un cuerpo débil -el de la UE tras la suicida ampliación de 2004 a 25 miembros-, inflíjasele la herida de eso que convenimos en llamar crisis y déjese que la laceración se infecte de nacionalismo. El resultado será un elevado riesgo de gangrena para los sistemas políticos nacionales y de parálisis o desplome para la estructura comunitaria.

Lo malo del caso europeo es que, hecho el diagnóstico, nunca hay pautas de tratamiento. De modo que se recurre a la improvisación terapéutica. Por ejemplo, para que el PP no tenga que concurrir al 26-J con una multa por déficit excesivo -premio cruel a casi cinco años de errónea austeridad- la Comisión pospone la decisión hasta julio. Y, mientras, contiene el aliento. A ver si el caballo evita el derribo. Lo malo de esa táctica es que, en los concursos de saltos, el jinete torpe suele gastar un tiempo vital en improvisar ante cada obstáculo. Y, al final, aunque los salve todos, pierde por haber llegado tarde.

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