Lo que Farage no sabe

22.06.2016 | 01:03
Lo que Farage no sabe

Una de las revelaciones más sorprendentes que nos ha brindado la campaña del Brexit ha sido descubrir que el jefe de filas del eurófobo UKIP, Nigel Farage, asegura no tener "ni idea" de lo que puede ocurrir si en el referéndum de mañana sus compatriotas le hacen caso y deciden abandonar la UE. "No tengo absolutamente ni idea" fue la escalofriante frase de este curioso personaje cuyo parecido con el cutrecillo protagonista de la serie británica Los Roper, de gran éxito allá por los finales de los 70, se acentúa cada vez que intenta precisar su ideario político.

Sin ánimo de ser exhaustivos -sería una ligereza imperdonable colapsar los circuitos neuronales de Farage-Roper- aquí van unas leves pinceladas sobre tres cuestiones que saldrían a la luz en caso de triunfo en las urnas del no a la permanencia.

Primer punto. El Brexit desnudaría los peligros del cortoplacismo -tira que libras- al que tan aficionados son los líderes políticos. Por más raíces y antecedentes que se le busquen a la situación actual, no se puede olvidar que la razón última de que ahora se coloquen las urnas en Reino Unido es que, en mayo de 2015, Cameron, que acababa de salir entero del referéndum escocés, se lanzó de cabeza a prometer la consulta de mañana para arañarle todos los votos posibles a Farage. Precisamente a Farage, que en las elecciones europeas de 2014 se había alzado con la primera posición, 3,5 puntos por encima de los "tories", relegados al tercer puesto. Cameron prometió y se hizo con la mayoría absoluta.

Segundo punto. El ruido. Churras y merinas se mezclan con lujuria a la hora de analizar las consecuencias de un Brexit, porque ese mestizaje es munición muy útil para amedrentar al votante. Pero una cosa son las convulsiones que, a mayor gloria de especuladores, golpearían en los primeros tiempos a las maltrechas economías europeas -qué decir de la española, con rompecabezas de urnas tres días después- y otra muy distinta el impacto real sobre comercio, inversiones, pensiones o trabajadores. Nadie en su sano juicio duda que el arte de los tratados y los convenios conseguirá que la inmensa mayoría del nuevo mapa sea un consumado calco del antiguo territorio.

Tercer punto. La reflexión. Al margen de la neoliberal y xenófoba voluntad de restringir los derechos de los trabajadores comunitarios inmigrantes, las exigencias de Cameron a la UE plantean cuestiones cruciales. ¿Es deseable que el objetivo final sean los manidos Estados Unidos de Europa? ¿Es sostenible la omnipresencia de Bruselas? ¿Hay que seguir demonizando la Europa asimétrica? Una victoria del Brexit debería mover a reflexionar sobre qué modelo comunitario es el deseable para la UE amputada. Una derrota tampoco eximiría de abordar la cuestión. Pero ahí, claro, es de temer que al grito de "tira, tira que ya libramos", se imponga el primer punto.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine