Golpe en Turquía La sublevación, sofocada en siete horas

El golpe turco deja 265 muertos, 2.800 militares detenidos y 2.745 jueces cesados

Miles de civiles se enfrentan a los sublevados respondiendo a la llamada del presidente Erdogan, que culpa al clérigo Gülen de instigar el levantamiento

17.07.2016 | 02:56

La intentona de golpe militar que mantuvo en vilo a Turquía durante la noche del viernes y la madrugada de ayer, sábado, desembocó en una manifestación de fuerza del Gobierno islamista, que se apresuró a realizar miles de detenciones y purgas en la Judicatura del país, a la vez que recibía el respaldo de todos los partidos.

El fallido golpe (el quinto de la democracia turca) contra el presidente Recep Tayyip Erdogan ha dejado un balance 265 muertos, de los que 161 son policías, soldados leales al Gobierno y civiles, y 1.440 heridos. Mientras, más de 2.800 militares fueron detenidos y cinco generales y 29 coroneles relevados de sus cargos.

Entre los militares detenidos hay generales como Adem Huduti, comandante del 2º Ejército, que controla la lucha contra la guerrilla kurda en el sureste del país, y Erdal Öztürk, comandante del 3º Ejército, estacionado en Anatolia oriental.

El Gobierno inició también una purga de la Judicatura turca y ha destituido a 2.745 magistrados. Al mismo tiempo, la policía detuvo a 10 jueces del Danistay, la máxima autoridad jurídica para contenciosos administrativos, y tiene a otros 38 en búsqueda y captura, mientras que hay orden de arresto contra 140 jueces del Tribunal Supremo (Yargitay), y se ha arrestado a Alparslan Altan, del Tribunal Constitucional.

A media tarde comenzó en el Parlamento turco una sesión especial en la que el Gobierno tuvo el respaldo de los tres partidos de la oposición, que condenaron el golpe, aunque hicieron veladas críticas a la deriva autoritaria del presidente Erdogan. Fuera, una muchedumbre llegó a pedir la pena de muerte para los sublevados.

Según las imágenes emitidas por las televisiones, muchos militares golpistas sufrieron un violento acoso de ciudadanos que se echaron a la calle de madrugada siguiendo el llamamiento del Gobierno que lidera Erdogan, y algunos fueron salvados del linchamiento por la policía. La web opositora Odatv difundió la imagen de un soldado al que le cortan la cabeza a la manera de los yihadistas del Estado Islámico. Las fotos muestran un gran número de jóvenes barbudos, algunos con atuendo islamista, entre los manifestantes antigolpistas de la madrugada, casi todos varones, en un llamativo contraste con las manifestaciones izquierdistas que en Turquía suelen contar con tantas mujeres como hombres.

Las protestas se convirtieron en celebraciones después de que, al amanecer, los golpistas abandonaran los tanques sobre el puente del Bósforo y se rindieran a la policía, un instante transmitido en directo por las televisiones.

Hasta ese momento habían sembrado el pánico los vuelos rasantes de cazabombarderos sobre el centro de Estambul y Ankara, rompiendo la barrera del sonido con un efecto fácil de confundir con detonaciones, sin que la ciudadanía supiera si estaban pilotados por rebeldes o leales. Dos helicópteros de los golpistas fueron abatidos por cazas, pero otros aviones bombardearon el Parlamento, dejando varios heridos y graves daños materiales.

Fueron siete horas de violencia, miedo e incertidumbre en las que los sublevados tomaron el estado mayor y capturaron al jefe del ejército, ocuparon una emisora y atacaron la televisión estatal, la sede del servicio secreto y el aeropuerto de Estambul, que llegó a cerrar. Erdogan regresó precipitadamente de sus vacaciones después de llamar a la gente a enfrentarse a los tanques. Los sublevados abrieron fuego contra los manifestantes, pero al final perdieron el control de las calles.

La motivación de los conspiradores es aún oscura, pero el presidente Recep Tayyip Erdogan, ha culpado a la red de seguidores del predicador Fethullah Gülen, hasta 2013 firme aliado del Gobierno islamista cuya ideología comparte, y desde entonces acérrimo enemigo. Los medios afines al clérigo han transmitido una condena del golpe por parte del exiliado en Pensilvania.

Aunque la presencia de los gülenistas en Policía y Judicatura era conocida, hasta que estos cuerpos sufrieron amplias purgas, no hay constancia de que los mandos militares, de tradición laica, tengan simpatías por la cofradía religiosa. En su primera intervención pública, Erdogan describió el golpe como "un regalo de dios" que permite extender la purga de gülenistas al Ejército. El Gobierno español y la oposición condenaron la sublevación.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, pidió ayer a Estados Unidos la extradición del predicador Fethullah Gülen, de 75 años, dirigente de una cofradía a la que el Gobierno turco atribuye la responsabilidad del golpe militar abortado la pasada madrugada. "Que nos entreguen al personaje de Pensilvania", clamó el presidente del Ejecutivo turco ante miles de sus seguidores en una céntrica plaza de Estambul.

Horas antes, también el primer ministro turco, Binali Yildirim, había señalado que un país que acoge al "líder del Estado paralelo", nombre con el que las autoridades turcas se refieren a la cofradía que encabeza Gülen, no puede ser un amigo de Turquía. El secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, instó, por ello, a Turquía a presentar pruebas de que Gülen es responsable del fallido golpe para estudiar si lo entregan a las autoridades turcas.

Bloqueo de una base militar

Mientras, la base militar de Incirlik, una región al sur de Turquía en la que se hallan contingentes militares y cazas estadounidenses y europeos -entre ellos hay efectivos españoles- ha sido sellada por el Gobierno de Ankara. "Las autoridades locales deniegan entradas y salidas de la base y la electricidad también se ha cortado", aseguraron fuentes del Ejecutivo de Estados Unidos. Por este motivo, el Pentágono se ha visto obligado a suspender los vuelos que realizaba desde Incirlik en su misión contra el Estado Islámico.

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