El Senado de Brasil consuma la destitución de Dilma Rousseff y desaloja al PT del poder

Michel Temer asume la presidencia de Brasil que ya ocupaba de manera interina - La expresidenta conserva sus derechos políticos a pesar de ser destituida

01.09.2016 | 01:45
Partidarios de la destitución de Rousseff se manifiestan en las calles de Sao Paulo.

El Senado brasileño consumó ayer la destitución de la presidenta Dilma Rousseff por 61 votos a favor y 20 en contra, en una decisión que también confirma como presidente de Brasil a Michel Temer, quien seguirá en el poder hasta el 1 de enero de 2019. La decisión supone el fin de un trámite que comenzó en noviembre de 2015 en el Parlamento y fue supervisado en cada uno de sus pasos por la Corte Suprema, como garante constitucional de un juicio que Rousseff, condenada políticamente por irregularidades en la gestión de los presupuestos, califica de "golpe de Estado".

Por otro lado, el Senado decidió mantener los derechos políticos a la expresidenta minutos después de haberla destituido de la jefatura del Estado. En una segunda votación 42 senadores se inclinaron por inhabilitar permanentemente a Rousseff para ocupar algún cargo público, 36 votaron a favor de mantenerle los derechos y hubo 3 abstenciones, por lo que no se alcanzó los dos tercios de la necesarios para aprobar la moción.

El Partido de los Trabajadores había conseguido separar las votaciones de inhabilitación y deposición, que en teoría iban a ser la misma, minutos antes de comenzar la sesión. De esta manera Rousseff, de 68 años, podrá, si así lo decide, presentarse a otras elecciones.

El proceso de impugnación de Rousseff se aceleró a partir del 12 de mayo cuando la expresidenta fue separada del poder. Temer se puso la banda presidencial y se arrogó el papel de "salvador" del país con la promesa de superar la profunda crisis económica y política. En los planes del vicepresidente no cabía una sustitución provisional: "Gobierno como si fuera para siempre", dijo a periodistas extranjeros.

Temer, líder del partido Movimiento Democrático Brasileño, sin apenas definición ideológica, llegó a ocupar el segundo escalón del poder brasileño de la mano de la mano de Luiz Inácio Lula da Silva, líder del Partido de los Trabajadores (PT), para que acompañara a Rousseff en su primera legislatura. "Me equivoqué con el vicepresidente", se lamentó en numerosas ocasiones Rousseff.

Este matrimonio de conveniencia necesario para sumar apoyos, nunca tuvo una relación fluida y Temer decidió terminarlo a finales del pasado año, cuando Rousseff empezaba a acusar el desgaste de su aislamiento, del deterioro económico y la corrupción galopante en antiguos cargos del PT. Fue entonces cuando divulgó una carta en la que denunciaba que le trataba como un "vice decorativo" y que se sentía como un "accesorio". Al mismo tiempo, se desató la tormenta política en un Parlamento asediado, asismismo, por escándalos de corrupción.

"Siento el gusto amargo de la injusticia". Esta frase pronunciada por Dilma Rousseff en su última comparecencia ante el Senado resume su sentimiento de impotencia ante el proceso que acaba de terminar con la destitución de la primera mujer que llegó al poder en la historia de Brasil.

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