El primer día del año más temido

El referéndum sobre la reforma constitucional italiana y las presidenciales austriacas inician este domingo una serie de citas claves para Europa

01.12.2016 | 01:13

El centroizquierdista italiano Matteo Renzi llegó a la presidencia del Consejo en febrero de 2014 directo desde la alcaldía de Florencia. Sin pasar por las urnas. El suyo fue un golpe palaciego con el que, antes de cumplir los cuarenta, inauguró un mandato que este domingo puede acabar, precisamente, estrellado en las urnas. Porque el domingo, los italianos están llamados a pronunciarse en referéndum sobre una reforma política a la que Renzi ha vinculado su futuro político.

Si los italianos, como pronostican las encuestas, dicen no a unos cambios que la mayoría ni siquiera entiende, Renzi se irá. Él mismo ha reconocido el error de haber jugado tan fuerte, pero los dados ya están en el aire y, sólo cinco meses después del Brexit, Europa se la juega de nuevo en un referéndum que, además, es sólo el primero de una larga serie de obstáculos en la que la Unión Europea se juega su futuro.

Renzi llegó a la presidencia del Consejo menos de un año después de que el Partido Democrático (PD) ganara las elecciones de 2013. Su predecesor, Enrico Letta, había caído en la trampa de pactar su estabilidad con las fuerzas de Berlusconi, y el viejo zorro le movió la silla una y otra vez, ayudado desde Florencia por un Renzi que, entre tanto, se había hecho con las riendas del PD. El primer ministro más joven que ha tenido Italia llegó proclamando su voluntad de dotar al juego político de agilidad y estabilidad. Pactó una nueva ley electoral con Berlusconi y después inició, con su apoyo, el proceso reformista que el domingo será sometido a las urnas, aunque ya sin el apoyo del viejo magnate, para quien la reforma sólo beneficia al PD. La clave de los cambios es el Senado. El sistema italiano, como el de EEUU, es de un bicameralismo perfecto, por lo que las iniciativas legislativas pueden salir de cualquiera de las dos cámaras, de igual modo que cualquiera de ellas puede convertirse en cuchillo del Gobierno. Tras la reforma, el Senado deja de ser una cámara elegida, pasando a convertirse en una instancia de mera representación territorial, compuesta sólo por cien legisladores que, entre otras cosas, carecerán de sueldo.

En suma, el proceso legislativo se simplifica y la estabilidad del Ejecutivo se multiplica. Junto al Senado, las provincias, que desaparecen, son la otra gran "víctima" de la reforma, que también devuelve a Roma competencias transferidas a regiones y municipios, como energía o infraestructuras estratégicas. Sólo el PD apoya esta reforma, que llega sobre el trasfondo de una economía, la tercera de la eurozona, que lleva quince años rondando el estado vegetativo y que presenta credenciales tan poco alentadoras como un 0,3% de crecimiento en el tercer trimestre, un 11,7% de paro (10% es la media en la eurozona) o una deuda equivalente al 130% del PIB. Berlusconi, el M5S de Beppe Grillo y la Liga Norte figuran entre los enemigos de los cambios, que de ser rechazados adelantarán muy probablemente las elecciones a la primavera.

A menos que una vez más se equivoquen las encuestas, la alta probabilidad de que las urnas italianas digan "no" ha disparado las alarmas en la cúpula de la UE. Máxime cuando el M5S y la Liga Norte aprovecharían la coyuntura para exigir el referéndum de salida del euro que llevan tiempo prometiendo a sus electores. La inquietud de la UE se ve reforzada por cuestiones de calendario. Para empezar, el domingo también se disputan las presidenciales austriacas, en las que el ultraderechista Norbert Hofer cuenta con serias probabilidades de victoria. Hofer fue derrotado por 30.863 votos en los comicios del pasado 22 de mayo, en los que se impuso el exverde Alexander van der Bellen. Pero el ultra denunció irregularidades y la cita fue anulada por el Constitucional austriaco.

Un triunfo de Hofer sería aplaudido con pasión por los eurófobos de toda la UE. Los mismos que, el próximo 20 de enero, jalearán a rabiar la toma de posesión como presidente de EEUU de un Donald Trump que felicitó a los británicos por el Brexit.

Los mismos que en mayo estarán deseando que Marine Le Pen se convierta en la primera presidenta de Francia o, en su defecto, que sea el thatcheriano católico François Fillon quien le vede el camino del Elíseo. Los mismos, en fin, que en otoño soñarán con que Merkel fracase en su intento de conseguir un cuarto mandato y con que ese fracaso llegue del ascenso de la rampante AfD, la versión aseada y aséptica de la ultraderecha germana. En suma, un annus horribilis para la Unión Europea. Y comienza este domingo.

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