Viviana Premazzi Investigadora sobre Culturas, Políticas y Sociedad de la Universidad de Turín

"Ha fallado la política de integración de los musulmanes"

"El Daesh convierte a jóvenes que se sienten insignificantes en Europa en héroes invencibles que no temen la muerte"

07.12.2017 | 00:54
Viviana Premazzi.

La radicalización de jóvenes islámicos residentes en Occidente demuestra que las políticas de integración han fallado, concluye a la vista de los trágicos sucesos recientes Viviana Premazzi, investigadora en el Departamento de Culturas, Políticas y Sociedad de la Universidad de Turín (Italia), convencida de que para prevenir el terrorismo hay que facilitar la inclusión social de los inmigrantes y sus descendientes, pues el resentimiento surge por la discriminación que creen sufrir en los países de acogida.

Premazzi ve en el terrorismo del Daesh una vía de escape para jóvenes que aun habiendo nacido en Europa se sienten señalados por una sociedad excluyente que los recibe con reticencia y los juzga sin haber cometido más delito que pertenecer a una religión y una cultura diferentes. "Algo estamos haciendo mal", reconoció la investigadora en un foro organizado por el Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra para abordar las causas de la radicalización de jóvenes europeos que se enrolan en las filas del terrorismo islamista.

"Los atentados del 11-S han puesto a todos los musulmanes, sin distinción, en el punto de mira", lamenta Premazzi, preocupada por la discriminación que sufren los inmigrantes de segunda y tercera generación que viven atrapados en un enjambre de prejuicios que los conduce paso a paso a idealizar la búsqueda de una identidad perdida y de un país "de hermanos y hermanas" que de momento solo les ha ofrecido el Daesh.

La radicalización, advierte, impregna las inmaduras mentes de estos adolescentes musulmanes occidentales, desencantados de su vida de ciudadanos de segunda y deslumbrados por los mensajes de invitación a la heroicidad que a través de internet lanzan los hábiles reclutadores yihadistas. "Quieren ver cumplidas sus fantasías", señala.

Las motivaciones de los hombres y de las mujeres para unirse a la lucha sin cuartel en nombre de Alá son diferentes. Una cuarta parte de las mujeres occidentales reclutadas de entre 16 y 24 años sigue los dictados de sus familias mientras que el resto emprende la senda terrorista solas o acompañadas de amigas tras ser captadas a través de internet. Muchas están volcadas en trabajos relacionados con la asistencia social o la ayuda humanitaria. Su sensibilidad social las convierte en víctimas propiciatorias del incesante bombardeo de imágenes de niños musulmanes masacrados en países como Palestina o Siria, emitidas por la Red. Sus mentes estremecidas por el dolor de sus hermanos comienzan a vacilar hasta llegar a cuestionar el modo de vida de Europa y es entonces cuando los captadores apelan a la religión para animarlas a luchar contra Occidente, el enemigo en la distancia, y contra otros países musulmanes, a los que consideran traidores a su causa.

"Hay también mujeres que se sienten fascinadas ante la idea de casarse con un héroe", afirma la investigadora al referirse a los eficaces métodos de seducción terrorista que manipulan a las jóvenes hasta convencerlas de que tienen que sumarse a la yihad y que para ello su primera contribución consiste en parir nuevos combatientes.

Los hombres están a otro nivel. Son los héroes y por tanto los seducen de otra manera. En la yihad podrán ser dueños de su vida y también de su muerte en una feroz guerra de reivindicación y venganza. "Convierten a gente que se siente insignificante en Europa en héroes invencibles que no temen la muerte", asegura Premazzi.

La investigadora italiana propone intensificar "la inclusión social de los inmigrantes, que deben ser reconocidos como miembros activos -y no solo problemáticos- de una comunidad, con derechos y deberes y con las mismas oportunidades que los occidentales en los países de acogida".

Italia, país de Premazzi, "trató de avanzar en esa línea con una ley de ciudadanía, pero la tiene congelada desde 2015". De hecho, los hijos de inmigrantes que nacen en territorio italiano solo pueden pedir la nacionalidad al cumplir los 18 años. "El estancamiento de esta ley está llevando al desarrollo de tensiones y a actitudes reactivas por parte de miembros de la segunda generación de inmigrantes, que si bien se sienten plenamente italianos, siguen siendo tratados como italianos con permiso de residencia, es decir cómo ciudadanos inferiores", lamenta.

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