PATRICIA SOUZA.COREA DEL SUR
La zona desmilitarizada entre las dos Coreas, símbolo de su dolorosa división, es cada vez más un reclamo turístico que atrae cada año a dos millones de visitantes, muchos con familia en el lado comunista de la frontera.
Este territorio de 248 kilómetros de largo y cuatro de ancho rodeado de alambradas esconde varias contradicciones: está protegido de cerca por el medio millón de soldados que vigilan la frontera mejor guardada del mundo y es uno de los últimos paraísos naturales de la tierra libres de contacto humano. Ello pese a ser símbolo de la Guerra de Corea, escenario de tensiones militares y último reducto de la lucha soterrada entre dos bloques ideológicamente opuestos, que en los 50 vivieron la guerra fría, algo que ahora los líderes de las dos Coreas afirman querer solucionar con un tratado de paz permanente. "Hace unos años la guerra fue una tragedia y ahora esto es un espectáculo turístico, ¿no es irónico?", dice a Efe Yi Suk-yong, una jubilada que participa en los tours .
La DMZ lleva 50 años sin recibir el paso del ser humano por lo que muchos ya alertan de que, una vez se produzca la unificación, pueden verse amenazadas raras especies de flora y fauna.