AGENCIAS.MADRID
Hace seis años que dio comienzo el conflicto en Afganistán, comandado por las tropas de EEUU y emprendido con la firme intención de derrocar al régimen talibán que por aquel entonces se encontraba en el poder. La acción inicial fue rápida y contundente: en menos de un mes y medio, la cúpula de poder había sido disuelta, y la administración Bush contaba con las simpatías de la comunidad internacional a la luz de los atentados del 11-S.
Algunas voces minoritarias, sin embargo criticaban que la intervención estadounidense era completamente desproporcionada y que estaba orientada hacia el objetivo equivocado. La rapidez inicial de la ofensiva pareció acallar aún más esas opiniones. Pero ahora, con la perspectiva de los años, la sensación de euforia ha desaparecido y el país sigue asolado por un conflicto cada vez más violento. Sólo la posibilidad de que los talibanes se incluyan algún día en un futuro proceso de paz, alimentan las esperanzas de terminar con el conflicto, según el grupo de estudios ISN.
Urbanización del conflicto
El pasado día 29, un terrorista suicida detonó una importante carga de explosivos en un autobús del ejército afgano, acabando con la vida de 28 soldados y dos civiles en el ataque más mortífero ejecutado en Kabul desde junio. Un día después, dos policías murieron y cinco soldados holandeses quedaron heridos en sendos accidentes. Ayer, sin ir más lejos, cinco civiles afganos y un soldado estadounidense murieron al explotar en Kabul un coche bomba que conducía un suicida y que iba dirigido contra un convoy de fuerzas estadounidenses. Estas operaciones reflejan la nueva estrategia talibán, que ahora evitan el conflicto abierto con las fuerzas de la coalición y que cada vez más recurren a los atentados suicidas o al empleo de bombas de carretera. Pese a la presencia de 40.000 tropas , la situación es cada vez más difícil.
60.000 niños afganos son adictos a alguna clase de droga, otros 100.000 sufren impedimentos físicos bien por malnutrición o por la amputación de alguno de sus miembros. Casi 40.000 ejercen la mendicidad y más de un millón de niños de entre siete y 14 años realizan trabajos en condiciones de esclavitud
Empeora la situación
Las pocas mejoras se han apreciado en el norte y en el oeste del país pero la situación de seguridad ha ido a peor de forma tangible en el resto de zonas.
Las fuerzas de la OTAN han realizado un progreso apreciable pero el problema reside en las fuerzas de seguridad afganas, que apenas puede controlar los cuadrantes que abandona la coalición
Según ISN, existen tres débiles indicadores de nuevos cambios en Afganistán. El primero de ellos reside en la figura del presidente del Gobierno, Hamid Karzai; siempre consistente en su política de incorporar elementos talibán al Gobierno, una idea que a pesar de las constantes negativas de las milicias, está comenzando a calar en la frontera este del país.
Pero la prueba más significativa de un posible cambio la dio el ministro de Defensa británico al afirmar que un proceso de paz permanente necesita de la colaboración de los talibanes.