CELSO FERREIRO
. stamos en agosto, el mes confiado que nos presenta la vida como hospedaje y aperitivo. Es el mes del viento estival que aviva la sensualidad, y la holganza se vuelve respetable. Es el mes en el que la taxonomía atractiva de La Coruña no deja indiferente a nadie porque la nuestra es una ciudad donde siempre sucede algo divertido. Recordemos que, durante el último curso político, pudimos contemplar escenas insólitas como la de nuestro alcalde atrapado en el ascensor de San Pedro de Visma, o perseguido por los funcionarios, a modo de cobradores del frac; a los bomberos con su dotación a la vista y a la Sra. Marón, pretendiendo apagar incendios (como el del Noray) con una estación meteorológica móvil. Estas ocurrencias, como rasgo político, no resuelven los problemas, los crean. La idea de la Sra. Marón, mediante contribuciones especiales, costará a los ciudadanos tres millones de euros. Es éste nuestro mundo local, tan interesante en su paisaje como curioso en su paisanaje. La ciudad, entre tanto, se cae mientras se acicala y parchea rivasboquete, pero su memoria se resiste tenaz a la mudanza en el nomenclátor. Ahí está incólume la calle Real, armonizando, en su almanaque de curiosidades, todos los provincianismos, incluidos los exóticos. Es la calle del mundo, donde el cosmopolitismo adorna la espera hablada de los coruñeses. Es la imagen eterna de La Coruña, coincidente con el recuerdo o la expectativa, no con la mutación vertiginosa de lo real. Evoca el carácter de una ciudad sutil, coqueta, dispuesta a cazar al propio Hércules. Callejera, ondulante, disfruta como pocas de la contagiosa sensualidad de la vida. Pasear es mirarse en el espejo del Atlántico y, a la vez, admirar a las ombligueras luciendo el erotismo de sus bien cinceladas figuras. La Coruña real, sin embargo, dista mucho de la municipal, de aturuxo a destiempo, de las merendiñas con trapallada fogueteira o escuchar a Tello, como nuevo Breogán, dejando oír su voz de sochantre por Monelos. Pero La Coruña, sobre todas las cosas, es la ciudad que adoramos, aunque no salgamos en la foto.
El presidente de la Diputación de La Coruña y vice de Caixa Galicia se ha pronunciado contrario a la fusión de esta entidad con cualquier otra regional o nacional. Desconocemos si las manifestaciones son pro domo sua o por inducción. Las Cajas necesitan una profunda reforma, tanto en sus estatutos como en sus cúpulas, principales escollos para cualquier amalgama mercantil integradora. En algunas la influencia política, la endogamia, el nepotismo y el amiguismo no han estado ajenos en la provisión de sus cuadros. Hay que descartar aquella maledicencia "en el Banco o eres Botín o eres botones". La diferencia es que el Banco era privado.