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editorial

La gran oportunidad urbanística de Os Mallos

 02:27  

La transformación de las actuales terminales de ferrocarril y autobuses en una nueva estación intermodal en la que confluirán todos los medios de transporte de la ciudad -desde el tren de alta velocidad y los autobuses urbanos e interurbanos hasta el futuro metro ligero- llamada a convertirse en un remozado portón de la ciudad, no sólo supondrá un salto en el ordenamiento y la modernización de la red de comunicaciones, sino que proporciona una oportunidad única para saldar una deuda histórica con una de las barriadas más populares -y degradadas- de la urbe coruñesa, Os Mallos, que fue víctima del caótico y deshumanizado crecimiento demográfico y urbanístico en las décadas de los años 60 y 70 del pasado siglo.

El barrio de Os Mallos, donde residen cerca de cuarenta mil coruñeses, tuvo en el pasado su propia entidad como pueblo, cuya memoria aún se conserva en topónimos como A Sardiñeira, O Borrallón o A Coiramia, donde estuvo emplazada la gran fábrica de calzado del alcalde republicano Ángel Senra. La zona, limítrofe con el polígono industrial de A Grela, registró una gran expansión durante las últimas décadas del franquismo, cuando el desarrollismo económico atrajo a la ciudad coruñesa una fuerte inmigración rural. La populosa vecindad de Os Mallos quedó desde entonces constreñida en un área urbana carente de pulmones verdes o espacios de esparcimiento y dividida en compartimentos estancos sin posible conexión entre ellos por las barreras insalvables que suponen las vías de entrada del ferrocarril o arterias viales sobrecargadas de tráfico como la ronda de Outeiro o la avenida de Alfonso Molina. Una de las posibilidades más ambiciosas y aplaudidas por los arquitectos que conlleva el proyecto de Busquets asociado a la construcción de la nueva estación intermodal persigue precisamente poner fin a ese apartheid urbanístico sufrido por el barrio de Os Mallos durante décadas con su recuperación como una nueva gran área urbana interconectada entre sí por primera vez desde hace décadas desde la zona de A Sardiñeira, en la parte superior de la estación de ferrocarril de San Cristóbal, hasta la zona de la actual estación de autobuses, oxigenada por un gran corredor verde y dotada de unos espacios de ocio y relación vecinal de los que nunca disfrutó el barrio. La misma fórmula fue ensayada ya con éxito en otras ciudades como es por ejemplo el caso de Oviedo, donde también se soterraron las vías de entrada del tren para recuperar zonas urbanas que se habían degradado y perdido su identidad de barrio por la servidumbre del uso ferroviario.

La intención del Ministerio de Fomento, como anunció José Blanco el pasado jueves 30 de julio tras la firma del acuerdo con el Ayuntamiento, es la de financiar la nueva estación intermodal con la construcción de pisos, oficinas y comercios que se levantarán en el nuevo espacio abierto creado a partir del soterramiento de las actuales vías del ferrocarril. El Concello se compromete a costear la integración de la nueva terminal de autobuses en la futura intermodal y Fomento promete licitar la obra a principios de 2011.

La fórmula elegida por el Ministerio de Fomento para costear la nueva estación seguirá el patrón contable del puerto exterior, es decir, la venta de suelo como fuente de financiación fundamental para acometer la obra, cuyo presupuesto global no fue concretado por José Blanco, que se escudó en que no se dedica "a especular con costes aproximados". Resulta razonable que el proyecto conjugue las oportunidades que ofrece esta reforma urbanística con la rentabilidad del proyecto, pero es vital que en el camino hacia la consecución de este objetivo necesario para la modernización y reordenación de la ciudad no se difumine el espíritu que ilumina el plan de Busquets y que las necesidades de financiación no se sobrepongan a la oportunidad única que supone la construcción de la nueva estación intermodal para recuperar y dignificar las condiciones de vida vecinal en la populosa barriada de Os Mallos. Esta actuación supondrá junto con la reordenación de la fachada marítima la mayor oportunidad de recuperación urbanística de la ciudad coruñesa, por lo que es deseable una generosidad institucional que garantice la máxima implicación de todas las administraciones -Ayuntamiento, Xunta y Fomento- en su acometimiento.

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