JOSÉ MARÍA ECHEVARRÍA
El poeta Fernando Beltrán, ocupado además en atinar con nombres singulares para productos y empresas como Amena, Opencor, Faunia, Asombra, Keteké, etc., declaraba en la Gaceta de los negocios (23.07.09) que, cuando marchó de Asturias, "tuve la suerte de llevarme las metáforas de la infancia intactas"; y añade que "los charcos fueron mi primer juguete. ¡Yo también chapoteaba gozoso en los charcos, llevara o no las katiuskas puestas!". Esas frases me han traído cantidad de recuerdos, como a cualquiera que tenga algo de piel fina, sentimientos e imaginación sea por necesidad -porque no disponías de mejores medios- o porque la naturaleza te había dotado de ese plus ingenioso. ¿Quién no ha sido consumado espadachín con un simple palo que transformábamos en afilada espada? Un vulgar plato, por no decir nada de la bandeja metálica cuando la conseguía, era el volante del Buick que yo conducía con los ojos entornados por carreteras tan serpenteantes como imaginadas. La arena de los múltiples parques de que hemos disfrutando nos ha servido para hacer construcciones tan estupendas como efímeras, o bien complicadas pistas por las que competíamos con las chapas con la efigie de nuestro ciclista favorito. Y así hasta mil recuerdos infantiles que me arrancan ahora una sonrisa conformo los voy relatando. Tengo tal estima por los juegos infantiles, que procuro no pisar los dibujos trazados por los críos con tizas coloreadas -¡qué lujo, tizas de colores!- sobre el asfalto en la plazoleta al lado de mi casa.