CELSO FERREIRO
. l conselleiro de Cultura es un personaje cachondo. Después de visitar las obras de la Ciudad de la Cultura, cuyo destino es una incógnita, se sinceró: "Muchos no entienden el espíritu del Gaiás. Después de verlo no piensas igual. Te emociona". En la fotografía que ilustra sus manifestaciones, D. Roberto Varela aparece, en compañía de otros prohombres, esgrimiendo una copa de Albariño, vino cordial y reconfortante, algo así como la quinta velocidad. De sus antecesores, ha marcado cierta distancia. El penúltimo, que todavía no encontró a la cantante Carmiña Burana, consideraba que el despilfarro inversionista en el mausoleo era una ventaja "aunque no podamos cambiar en un año de coche o de lavadora". La última conselleira impuso su canon cultural, con recetas del Matrix progre, aderezado con costosos viajes, como el de La Habana, por aquello de que Cuba es España en vacaciones. Omitió a los clásicos de la literatura gallega en castellano, y distinguió entre rojos y azules, ignorando que en la literatura sólo hay buenos y malos escritores. Don Roberto Varela es otra cosa. Ha sido formado en la escuela de los buenos modales y de la elegancia verbal. Aún en situaciones difíciles, siempre encontrará espacio para la palabra amable y para la serenidad introspectiva. Su desempeño no será fácil, en una localidad como Santiago, donde la política define cualquier debate. Su Ayuntamiento, seriamente endeudado, es capaz de beberse las plusvalías prelaticias. Tan es así que el compostelano de a pie se ve obligado a pagar el agobio fiscal que sufre. Su alcalde comparte con Fraga la ocurrencia de la Ciudad de la Cultura, que trata de endiñar a las espaldas de todos los gallegos pese a caracterizarse por ser una obra eminentemente municipal. El regidor picheleiro, en su voracidad, acusa el síndrome hamletiano a los inventores: ser víctima de su propio invento. El conselleiro de Cultura ha de llenar sus alforjas de astucia y blindarse para no ser transformado en concejal. Utilice la ironía diplomática; no es un pecado, es una de sus virtudes capitales, aseguraba Anatole France, y cuídese de personajes dignos de ser psicobiografiados. En una Galicia que vuelve a emigrar, que tantas familias viven en el umbral de la pobreza, resulta paradójico desviar fondos públicos a empresas faraónicas. Tenga en cuenta que la paradoja en política no otorga buenos dividendos.
La encuesta lingüística ha sido favorable a la enseñanza en castellano y a la cooficialidad. No ha gustado al BNG y a su brazo armado, la Mesa, que, con la colaboración de los socialistas, anuncian algaradas otoñales. Es la cultura de la transgresión y de la coacción, que erosiona la libertad y atenta contra la democracia, en sus zancadas al
desprestigio de la clase
política.