ARTURO LEZCANO
De tarde en tarde, arrumbados cultismos se cuelan en los dominios del lenguaje vulgar.
Puede provenir de algún
coqueteo libresco de algún
comunicador, pero lo cierto
es que ahora se ha impuesto de moda presumir de oxímoron.
A este paso acabaremos oyendo hablar hasta de sinécdoques. Por ejemplo: "El perro es el mejor amigo de la mujer". Al tiempo.
Este homenaje al oxímoron, sin embargo, era de justicia, pues nunca se han perpetrado tantos contrasentidos, muy representativos de la actual sociedad confundida.
Pongamos unas cuantas muestras, que no agotan, ni mucho menos, la vena inagotable.
Empezando por el consumo habitual: café descafeinado, caramelos desazucarados, cerveza desalcoholizada, limon&nada. No suelen ser ni literarios ni imaginativos pero debe reconocerse que alcanzan con frecuencia cotas muy altas de surrealismo y de absurdo, no obstante respetuoso con las tradiciones patrias: bautizos civiles e incluso primeras comuniones civiles.
Abundan también, por supuesto, los oxímoron hedonistas, del tipo de morir de placer, te da un estreñimiento que te cagas, tiene un cuerpo de la hostia?
Todos estos oxímoron están muy lejos de los tropos de las preceptivas literarias, v. gr., nieve candente, luz opaca u horrísono silencio. Pero no tienen nada que envidiarles en fuerza paradojal.
Aunque, indiscutiblemente, "discriminación positiva" ostenta el récord olímpico. Es un oxímoron de putamadre.