JOSÉ LUIS QUINTELA JULIÁN
Usted prefiere vivir en el campo o en la ciudad? Se lo pregunto así, a bocajarro, después de haber conocido los resultados de una interesante encuesta promovida por la Consellería do Medio Rural, que plantean que dos de cada tres gallegos prefieren vivir en el campo que en la ciudad.
Una información, por cierto, que para mí adquiere un significado muy especial en estos días. ¿Por qué? Porque justamente ahora estoy dando los toques finales a un proyecto personal que me permitirá hacer eso mismo: vivir en el campo. Bueno, no en el campo en toda su dimensión, sino en una versión "casa en el campo cerquita de un núcleo urbano y con buenas comunicaciones", mucho más asumible para quien se mueve bastante y tiene que viajar casi a diario a la ciudad. Aún así, es el campo, y no el contexto de una de las principales ciudades de Galicia, realidad en la que he estado inserto siempre. A ver qué pasa, pues, en esta nueva etapa, pero les aseguro que parto hacia ella con la mejor de las voluntades y toneladas de energía. ¿Saben por qué? Porque, a día de hoy, yo defiendo que se vive bastante mejor fuera de la ciudad. Espero mantener esta aseveración tajante con el paso del tiempo? Más me vale.
Fuera del caso particular, yo creo que el futuro de Galicia pasa, precisamente, por la promoción del campo. Y no sólo quiero decir con ello de las labores más clásicas, agrícolas y pecuarias, en las que en otro momento tuvimos gran capacidad productiva. Me parece que estas son importantes, pero también que la innovación en el medio rural es crítica, de forma que cada vez en mayor medida seamos capaces de pasar diferentes eslabones de la cadena de valor de muchos productos a su origen, que no es otro que el medio rural.
Esto pasa por, para empezar, superar el tradicional despoblamiento e inversión de la pirámide demográfica en el campo gallego. Dicho de forma más sencilla, es fundamental hoy que esta sociedad vuelva a tener la capacidad de poder fijar población al campo. Pero para ello, los ciudadanos y ciudadanas tenemos que alejar de nosotros el espejismo de la gran ciudad, y aquel mito de antaño por el cual la cultura y las posibilidades de despegue personal en lo económico eran siempre urbanas. No es cierto. Hay oportunidades pendientes y emergentes en el rural. Sólo es cuestión de saber detectarlas y aprovecharlas en una lógica de sostenibilidad.
Y lo digo convencido, consciente de que la cada vez mejor red de comunicaciones que tiene Galicia es el aliado perfecto para vencer el tradicional aislamiento de nuestra población rural. Esto ha ido siendo, en los últimos años, una gran revolución silenciosa. Pero quedan muchas cosas todavía que poner a punto. Y una de ellas es el tren, en todas sus escalas. En efecto, en la época de las grandes inversiones en infraestructuras ferroviarias de largo recorrido para el conjunto de España, no podemos dejar de tener en cuenta las redes de cercanías y la comunicación real, práctica y económica de los núcleos rurales con sus grandes ciudades de referencia. Y es que, si no lo hacemos así, corremos el riesgo de comprometer, precisamente, la viabilidad futura de los núcleos rurales. Un verdadero pulmón -también en lo económico- para la nueva lógica que se avecina.
Dicen que, para acometer cualquier empresa, el primer ingrediente -absolutamente necesario e imprescindible- es la voluntad. Por lo que dice la encuesta con la que comenzábamos el artículo, esta existe. Al menos sobre el papel, dos de cada tres gallegos prefieren vivir en el campo que en la ciudad. Y eso parece que atestigua que están superados muchos fantasmas del pasado. No cabe duda de que es un comienzo? Ahora, sólo falta potenciar esa migración inversa con alternativas económicas y ocupacionales verdaderamente interesantes.
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