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No consulte a su médico

 02:31  

MATÍAS VALLÉS Lavarse las manos es una excelente medida antigérmenes desde Louis Pasteur, pero no queda claro si la promoción de esta medida justifica la existencia de un Ministerio de Sanidad en el siglo XXI. La descentralización autonómica ha postergado el citado departamento a Ministerio de Higiene, según se ha puesto de manifiesto en el catálogo de recomendaciones de su titular para combatir la gripe A. La doctrina oficial consiste en no preocuparse, mientras se proponen las mismas medidas que si España se dispusiera a ser invadida por el Pacto de Varsovia. La auténtica política sanitaria quedará en manos de las autonomías aunque, si se materializa el peor de los escenarios, la pandemia puede brindar al Estado la primera oportunidad de asumir competencias dispersas. El H1N1 vuelve a demostrar que no hay enemigo pequeño.


"Consulte a su médico" encabeza el catálogo de recomendaciones de un Ministerio de Higiene que se precie. Sin embargo, el pánico a un colapso de los servicios de urgencias y de atención médica ha invertido el preceptivo asesoramiento. No consulte a su médico por una simple gripe A, pregonan las autoridades. Acantónese en su domicilio, aguarde los siete días reglamentarios y absténgase de contagiar a sus familiares y vecinos. La confianza en la automedicación ha llegado en el Reino Unido al extremo de que los teléfonos de información -operados por personas sin preparación sanitaria- se encargan de contabilizar las llamadas como nuevos casos de infección por el H1N1. Con este método, la cifra total alcanzó pronto los cien mil contagiados.


Aunque más modesto en sus cometidos y ambiciones que un departamento de Sanidad, un Ministerio de Higiene exige unos requisitos de formación elementales. Sería curioso saber si Zapatero hubiera nombrado ministra del ramo a la abogada Trinidad Jiménez, de haber sabido que se avecinaba una crisis global como la gripe A. En principio, la titular de la cartera vaciada de competencias debía concentrarse en el apéndice de la Política Social, tan productivo electoralmente con el trampolín de la ley de dependencia. Obligada a lidiar con imprevistos médicos, no puede evitarse que la ministra proponga adoptar medidas especiales sólo si el paciente "tiene más fiebre de lo normal", cuando lo normal es no tener fiebre, salvo que la pandemia adquiera proporciones devastadoras y la normalidad se haga patológica.


Por fortuna, nadie va a preguntar a Trinidad Jiménez por las diferencias entre un virus y una bacteria. Un abogado -o un economista como Ernest Lluch- puede ser ministro de Sanidad sin levantar más suspicacias que las gremiales. En cambio, la designación de un médico sin experiencia jurídica como ministro de Justicia sería noticia de portada, sin entrar en la aptitud de esa titulación para desempeños políticos de alcurnia, véanse los casos de Jordi Pujol o Llamazares. Aunque el H1N1 acabe siendo un virus virtual como el encargado de paralizar los ordenadores con la llegada del milenio, el cumplimiento de las instrucciones elementales del Ministerio de Higiene ya supondría un avance social. La actuación antigripal debería polarizarse en los teatros, donde se concentran por causas inexplicadas todas las personas que tosen.


La imaginativa propuesta de cubrirse la boca durante los estornudos, también patrocinada por el Ministerio de Higiene, tendrá una utilidad relevante en los medios de transporte congestionados. Hay pasajeros de aviones que, al preguntarles si tienen alguna preferencia sobre el asiento, sólo exigen sentarse delante de alguien que estornude, y su deseo se ve cumplido siempre. Incluso hay viajeros que estornudan sin protección mientras leen en el periódico un artículo sobre la gripe A. Las recomendaciones más espectaculares de la ministra conciernen a las mascarillas, siempre a la espera de un pronunciamiento del Vaticano, que ha de distinguirlas de los preservativos aplicando criterios escolásticos. Personas afectadas por la psicosis de la gripe A han solicitado que se diseñe una mascarilla a la que se le pueda adaptar una salida para el cigarrillo, mucho menos nocivo que el H1N1 en el escalafón vigente de virus mediáticos. No se palpaba una expectación semejante desde que se examinaban con aprensión las melladuras de los vasos en los bares de copas, ante una hipotética transmisión del sida. La higiene paquidérmica avanza a lomos del pánico felino.

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