JAVIER CUERVO
Más vale prevenir que curar, asegura el refrán, pero valen mucho una cosa y la otra. Prevenir. Hace años metíamos en el carrito de la compra productos con el prefijo bio creyendo que eran más sanos. El regulador tardó en llegar a decir a los fabricantes que fuera prefijos engañosos. En vez de obligarlos a poner la etiqueta este producto no es mejor que el que no trae bio aunque sea más caro les dejaron que mantuvieran bi (como de binario o de tricampeón) pero sin significado. El regulador, siempre velando por nosotros y por el sistema, persiguiendo la verdad pero sin perseguir la mentira porque eso atentaría contra la libertad.
Ahora se va a limitar el uso de verde, término que cuanto más se destaca en la publicidad, más señala a un gran contaminador. La utilización de la palabra sostenible es insostenible. Un circunloquio inolvidable dejó escrito que el príncipe Felipe tiene un coche comprometido con el medio ambiente. Ay.
Curar. Al otro lado de la cadena proliferan las curaciones que no curan pero tratan, todas con el sufijo terapia. A veces algo en lo que se basan está científicamente probado pero sin que eso signifique que sea eficaz aunque influye positivamente. En realidad, en esa terapia se pasa bien y no hace mal. La de cosas de siempre que, por aplicación a la piel o inmersión, pueden llegar a ser apellidadas con terapia. Las terapias se están desplazando de los hospitales a la hotelería y de miligramos de un componente desconocido y escaso a toneladas de otro muy común y con excedente. No acabas de creer que sumergirse en vino un fin de semana vaya a tener algún efecto terapéutico para la piel y ya se escribe que, según el tipo de uva, cambian los efectos: una ayuda a disminuir la papada y otra las alas de murciélago de los brazos maduros. En Valencia hay terapias con horchata y en Asturias con sidra, y así... Debería limitarse el uso de terapia como sufijo para no confundir pasarlo bien con pagar por algo saludable, pero el mercado sí que es un saber milenario. "Ya Cleopatra, etcétera".